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miércoles, 16 de marzo de 2011
Señor, no soy digno de que entres en mi casa
Pero una palabra tuya bastará para sanarme. Esta frase dirigida a Jesús es una de las que más siento en la Eucaristía. Realmente, ninguno seríamos dignos de su atención, pero basta un poco de fe para lograr aquello que le pedimos. La gracia de Dios se manifiesta a los corazones sinceros. A veces no trae exactamente lo que deseamos, pero sí lo que necesitamos. Por eso, hay que ponerse en manos de Dios y sentir que, junto a él nada es imposible. Aunque no podamos ya tocar su manto, sí podemos sentir su presencia y encomendarnos a Él; porque las cosas que a nosotros nos parecen imposibles, y no vemos la solución, no tienen importancia y se pueden arreglar fácilmente teniendo fe, o al menos se pueden sobrellevar mucho mejor.
Dios nos da la fuerza necesaria si nos confiamos a sus manos y el mundo está lleno de ejemplos de ello. Personas en circunstancias difíciles, enfermos o impedidos o con grandes problemas han dado muestras de fortaleza y alegría guiados por Dios. Especialmente, dos santos, Juan Pablo II y santa Teresa de Calcuta, fueron ejemplos vivientes de esto. Yo intento cada día ser capaz de alcanzar ese nivel de confianza ciega en Jesús que me ayude a ser más fuerte y vencer el desánimo. Sin embargo, sé bien que no soy digna de ese honor, porque todavía me falta mucho para emular la vida de esas personas tan entregadas, a las cuales tanto admito. Estoy lejos de la meta, pero no dejaré de intentarlo.
Dios nos da la fuerza necesaria si nos confiamos a sus manos y el mundo está lleno de ejemplos de ello. Personas en circunstancias difíciles, enfermos o impedidos o con grandes problemas han dado muestras de fortaleza y alegría guiados por Dios. Especialmente, dos santos, Juan Pablo II y santa Teresa de Calcuta, fueron ejemplos vivientes de esto. Yo intento cada día ser capaz de alcanzar ese nivel de confianza ciega en Jesús que me ayude a ser más fuerte y vencer el desánimo. Sin embargo, sé bien que no soy digna de ese honor, porque todavía me falta mucho para emular la vida de esas personas tan entregadas, a las cuales tanto admito. Estoy lejos de la meta, pero no dejaré de intentarlo.
sábado, 12 de febrero de 2011
Veinticinco años
Es el tiempo que pasé sin ir a misa habitualmente. Lo dejé sobre los quince años y no volví hasta la Primera Comunión de mi hija pequeña. Después de eso me he resarcido yendo muy a menudo. Digamos que fue por una mezcla de pereza y falta de motivación. Llega el momento en que repites una retahila de fórmulas sin pensar y eso resulta muy aburrido. A partir de los cuarenta años, aproximadamente decidí no volver a la Iglesia si no era para enterarme de todo lo que decía el sacerdote y ser consciente de su significado. Todavía me cuesta. Hay días en que el pensamiento se va a temas intrascendentes y me sorprendo a mí misma planificando el menú de la comida; así que tengo que hacer un esfuerzo extra de concentración.
Sin embargo, tengo que decir que va funcionando; tanto que el año pasado celebré mi Confirmación y ahora voy a catequesis dos veces al mes. La religión, como todo lo que importa, necesita también dedicación y estudio. No basta con dejarse caer por la iglesia de vez en cuando o en ocasiones especiales. Eso sólo sirve para cubrir el expediente y acallar la conciencia. Recomiendo a los que me leen y aún van a misa, que prueben a pensar realmente todo lo que se dice durante la liturgia. Y sobretodo, querría pedir, una vez más, que aquellos que no tienen el menor interés en el tema, se abstengan de llevar a sus hijos a hacer la Primera Comunión y de casarse por la Iglesia. A mí no me gusta el futbol y no se me ocurriría ir al estadio a ver un partido.
Sin embargo, tengo que decir que va funcionando; tanto que el año pasado celebré mi Confirmación y ahora voy a catequesis dos veces al mes. La religión, como todo lo que importa, necesita también dedicación y estudio. No basta con dejarse caer por la iglesia de vez en cuando o en ocasiones especiales. Eso sólo sirve para cubrir el expediente y acallar la conciencia. Recomiendo a los que me leen y aún van a misa, que prueben a pensar realmente todo lo que se dice durante la liturgia. Y sobretodo, querría pedir, una vez más, que aquellos que no tienen el menor interés en el tema, se abstengan de llevar a sus hijos a hacer la Primera Comunión y de casarse por la Iglesia. A mí no me gusta el futbol y no se me ocurriría ir al estadio a ver un partido.
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miércoles, 8 de abril de 2009
Semana Santa
El cura de mi parroquia, que es bastante joven, decía que el Miércoles de Ceniza está la iglesia más llena que nunca, con gente que no han visto nunca antes, ni vuelven a ver después. Así que nos explicaba que la imposición de la ceniza no es un ritual mágico para alejar a los malos espíritus. Es una purificación simbólica para la Cuaresma. Con la misa del Domingo de Ramos pasa lo mismo. Hay gente que no cree en Dios, pero va a misa dos veces al año, por si acaso. No sea que al final exista, y así al menos no podrá decir que no ha ido nunca a misa.
Esto denota una actitud infantil, propia de quien todavía se imagina el infierno con sus llamas correspondientes. Realmente creen que es tan fácil contentar a Dios. No se imaginan que, si es omnipotente, no necesita preguntar nada para saber exactamente la profundidad de nuestra fe. Se creen que lo único que importa son los rituales y no el testimonio de vida de creyentes o no creyentes. Yo estoy convencida de que mucha gente que ni siquiera conoce el cristianismo alcanzará la gloria, mientras otros que hacen lo contrario de lo que predican se quedarán en la puerta.
También creo que aquellos que se arrepientan, aunque sea en el último momento, quedarán libres de sus culpas por graves que sean. Pero los que se crean a salvo, por haber vivido siempre en terreno neutral, dando la razón a unos o a otros, según como pintaba la historia, se llevarán una sorpresa. Este verano os pedí que aprovechárais para visitar alguna iglesia cuando nadie os conociera. Hoy quiero pediros lo contrario: que no vayáis a misa por quedar bien, que no participéis en las celebraciones religiosas sólo por la fiesta posterior.
Vale más un minuto de oración sincera que el sacrificio de asistir a un par de ceremonias. Espero que lo paséis bien, y que también encontréis un minuto para pensar en lo que se conmemora estos días.
Esto denota una actitud infantil, propia de quien todavía se imagina el infierno con sus llamas correspondientes. Realmente creen que es tan fácil contentar a Dios. No se imaginan que, si es omnipotente, no necesita preguntar nada para saber exactamente la profundidad de nuestra fe. Se creen que lo único que importa son los rituales y no el testimonio de vida de creyentes o no creyentes. Yo estoy convencida de que mucha gente que ni siquiera conoce el cristianismo alcanzará la gloria, mientras otros que hacen lo contrario de lo que predican se quedarán en la puerta.
También creo que aquellos que se arrepientan, aunque sea en el último momento, quedarán libres de sus culpas por graves que sean. Pero los que se crean a salvo, por haber vivido siempre en terreno neutral, dando la razón a unos o a otros, según como pintaba la historia, se llevarán una sorpresa. Este verano os pedí que aprovechárais para visitar alguna iglesia cuando nadie os conociera. Hoy quiero pediros lo contrario: que no vayáis a misa por quedar bien, que no participéis en las celebraciones religiosas sólo por la fiesta posterior.
Vale más un minuto de oración sincera que el sacrificio de asistir a un par de ceremonias. Espero que lo paséis bien, y que también encontréis un minuto para pensar en lo que se conmemora estos días.
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