Mostrando entradas con la etiqueta ejemplo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ejemplo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de marzo de 2011

Señor, no soy digno de que entres en mi casa

Pero una palabra tuya bastará para sanarme. Esta frase dirigida a Jesús es una de las que más siento en la Eucaristía. Realmente, ninguno seríamos dignos de su atención, pero basta un poco de fe para lograr aquello que le pedimos. La gracia de Dios se manifiesta a los corazones sinceros. A veces no trae exactamente lo que deseamos, pero sí lo que necesitamos. Por eso, hay que ponerse en manos de Dios y sentir que, junto a él nada es imposible. Aunque no podamos ya tocar su manto, sí podemos sentir su presencia y encomendarnos a Él; porque las cosas que a nosotros nos parecen imposibles, y no vemos la solución, no tienen importancia y se pueden arreglar fácilmente teniendo fe, o al menos se pueden sobrellevar mucho mejor.

Dios nos da la fuerza necesaria si nos confiamos a sus manos y el mundo está lleno de ejemplos de ello. Personas en circunstancias difíciles, enfermos o impedidos o con grandes problemas han dado muestras de fortaleza y alegría guiados por Dios. Especialmente, dos santos, Juan Pablo II y santa Teresa de Calcuta, fueron ejemplos vivientes de esto. Yo intento cada día ser capaz de alcanzar ese nivel de confianza ciega en Jesús que me ayude a ser más fuerte y vencer el desánimo. Sin embargo, sé bien que no soy digna de ese honor, porque todavía me falta mucho para emular la vida de esas personas tan entregadas, a las cuales tanto admito. Estoy lejos de la meta, pero no dejaré de intentarlo.

jueves, 18 de noviembre de 2010

El tiempo me da la razón

La verdad es que no sé si alegrarme o no, porque la mayoría de las cosas que digo son negativas, pero me ha gustado leer el informe del defensor del menor criticando las mismas series de televisión de las que yo llevo hablando tanto tiempo. Resulta desesperante ver como tantos adolescentes e incluso niños pequeños se han criado con el único ejemplo de los personajes que ven en sus series favoritas; física o química, los simpson, padre de familia, al salir de clase y tantas otras... O el daño que pueden hacer programas como El hormiguero, pensando teóricamente para los pequeños, pero que parece un documental sobre sexo y vicios variados. Me pregunto cómo los productores pueden dormir por la noche.

No pasaría nada si en casa con los niños estuvieran sus padres controlando lo que ven y dándoles una opinión diferente sobre los temas. Pero es que sus hijos tienen la mayoría una televisión en su cuarto y ven lo que quieren cuando quieren, sin ninguna clase de control paterno y sin otros referentes morales que los citados programas. Así no es de extrañar que cada año unas 18000 jóvenes menores de edad se queden embarazadas en España. Esto contando teóricamente con que conocen de sobra el uso de anticonceptivos y los tienen a su alcance. De ellas, la mayor parte pasarán a engrosar las listas del aborto o de la píldora del día después, con el consiguiente cargo de conciencia que habrán de arrastrar el resto de sus vidas. En buena parte, por culpa de la televisión.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Invictus, mucho más que una película

Creo que este post es uno de los más difíciles que voy a tener que escribir. No hace falta que diga que Invictus es una gran película: entretenida, espectacular y emocionante. Pero además es una historia real sobre un episodio en la vida del Presidente de Suráfrica, Nelson Mandela. Es la explicación de toda una mentalidad y forma de ver la vida, que tiene mucha relación con la experiencia, el sufrimiento y su condición de cristiano.

Resulta asombroso pensar cómo una persona que estuvo casi treinta años en la cárcel, sufriendo toda clase de vejaciones, a causa de su defensa de los derechos civiles de los negros; no sólo no salió de allí con ánimo de venganza, sino que, al contrario, salió dispuesto a luchar por la reconciliación nacional. El tiempo que estuvo prisionero le sirvió para conocer íntimamente a su enemigo -los africaners-, aprender su idioma y su cultura y, de algún modo empezar a apreciarlos.

La persona que entró en prisión cargada de odio, por otra parte, comprensible; no era la misma persona que fue liberado varias décadas más tarde. La convivencia con otros presos, la reflexión y el estudio le había abierto la mente hasta llegar a comprender el verdadero mensaje del cristianismo. Hubiera podido utilizar su cargo para expulsar a los blancos del país y hacerles pagar por sus atrocidades; pero prefirió construir una nueva realidad en la que todos tuvieran cabida. Basó su estrategia en conseguir el perdón y el olvido.

Cuántos tendrían que aprender de su ejemplo, especialmente en nuestro país. Otros personajes excepcionales han seguido también ese mismo camino: Juan Pablo II, Gandhi, la madre Teresa de Calcuta... Y, sin embargo, la mayor parte de la humanidad sigue prefiriendo tirar por el camino fácil. El odio, el rencor, la venganza..., que acaban convirtiéndoles en algo tan malo o peor que aquello que reprobaban. Qué cómodo es caer en la trampa y qué duro es, sin embargo, apostar por el ejemplo inigualable de Nelson Mandela. Dios le bendiga.

domingo, 28 de febrero de 2010

Aprendiz de todo, maestro de nada

A veces pienso que no estoy capacitada para dar consejos de ninguna clase. Estoy convencida de que mis ideas son correctas, pero no puedo asegurar que a mí me hayan servido. Siendo así, me desautorizo a mí misma cada mañana. Cómo hablar de familias unidas, una que no se relaciona con sus propios hermanos. Cómo hablar de la amistad, una que no tiene amigos cercanos. Cómo hablar de hijos, una que está perdiendo nuevas batallas a diario. Lo mío es pura teoría. Sólamente sé lo que no funciona porque lo he experimentado en mis carnes o en carne ajena. Pero no puedo ponerme como ejemplo de nada.

Es fácil para mí decir que hay que dedicarle más tiempo a la familia, pero yo no he tenido ocasión de tener que elegir, ya que dejé el trabajo antes de tener hijos. Es cómodo hablar de conceptos abstractos que no me comprometen a nada. Pero llega el momento en el que, yo también tengo que mirarme al espejo y enfrentarme a mi propia imagen, y sólo veo a una mujer de mediana edad. Alguien que estudió idiomas y no los habla, alguien que conoce el secretariado, pero no trabaja. Alguien que escribe mucho, pero no sabe realmente la repercusión que pueda tener su obra. Alguien que ha dedicado su vida a los suyos, pero no está segura de lo que pasará mañana.

martes, 11 de agosto de 2009

Alberto Contador

En los últimos años hemos visto surgir grandes deportistas españoles como Nadal o Alonso en deportes donde no solíamos tener representación. También hemos tenido grandes éxitos en futbol y baloncesto, a pesar de no contar con los extranjeros de la plantilla, lo cual demuestra que la prima que cobran algunos internacionales resulta injustificada. Es difícil ser profeta en tu tierra y lo consiguen especialmente aquellas personas que demuestran ser valiosas también a nivel humano. Nadal es un buen ejemplo de ello y también tenemos a Alberto Contador. Gente sencilla, que no se dejan deslumbrar por los focos ni se contagian de la vanidad de la fama. Gente de familia, que conserva sus amigos de siempre y procuran llevarse bien incluso con sus rivales, sin ceder demasiado a las provocaciones.

Éste es el verdadero espíritu del deporte. Lo que se mueve alrededor, con sus fiestas, su ropa de marca y negocios más o menos limpios, desvirtúan lo realmente importante. El deporte debería ser sacrificio y afán de superación personal, como el que ha demostrado Contador en estos años. Mientras, su rival, Amstrong, ha hecho gala de mala educación y juego sucio, criticándole a través de su página web. Al final, ahí es donde se nota la buena cuna de las personas, y no en la cantidad de relojes caros que anuncian. Otra cosa que marca la diferencia es que mantengan un estilo de vida normal y que no caigan en adicciones. Por suerte, de vez en cuando surge alguien que, de verdad, puede ser un ejemplo a seguir por nuestros jóvenes y por todos en general.