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lunes, 9 de agosto de 2010
Y tú, ¿qué haces?
Poniendo la televisión se ve que el principal entretenimiento de este país consiste en fisgonear las vidas ajenas. Tengo que reconocer que yo también a veces pico en esa manera de pasar el tiempo. Es muy fácil opinar y juzgar sobre las actitudes de otros, pero no es tan sencillo examinar nuestras propias vidas. ¿Cómo manejo yo mi tiempo y mi dinero?, ¿cuánta atención le presto a mis seres queridos?, ¿me importa de verdad el resto del mundo?. Es muy cómodo sumarse a la consigna de moda, -que un día es Palestina, otro las ballenas o el cambio climático-. Pero, existen situaciones difíciles más cerca de nosotros, a la vuelta de cada esquina. Hay problemas endémicos, como la malaria, a los que nadie presta atención. Hay injusticias graves que, por sabidas, ya no salen en los telediarios. ¿Qué hacemos nosotros en nuestras vidas a favor del medio ambiente, de los necesitados o nuestras propias familias?. Eso es lo que de verdad cuenta.
Para hacer examen de conciencia no hace falta ir a la iglesia, aunque también ayuda. Conviene pararse de vez en cuando a pensar si estamos satisfechos con nuestra vida. A veces no empeñamos en hacer lo que la sociedad espera de nosotros, en lugar de lo que nosotros realmente deseamos. La presión en ese sentido es ahora más fuerte que nunca. Lo políticamente correcto se ha convertido en una norma férrea. Así que os invito a que dejéis de pensar en lo que los demás hacen o dejan de hacer, y dediquéis un poco de tiempo en las vacaciones a reflexionar sobre si estáis haciendo lo correcto con vuestras vidas; no lo que otros opinan que es normal o lo que hace todo el mundo; sino lo que os puede hacer realmente felices. La felicidad verdadera no se obtiene de cosas materiales, sino de la relación con el prójimo, para intentar crear entre todos un mundo mejor.
Para hacer examen de conciencia no hace falta ir a la iglesia, aunque también ayuda. Conviene pararse de vez en cuando a pensar si estamos satisfechos con nuestra vida. A veces no empeñamos en hacer lo que la sociedad espera de nosotros, en lugar de lo que nosotros realmente deseamos. La presión en ese sentido es ahora más fuerte que nunca. Lo políticamente correcto se ha convertido en una norma férrea. Así que os invito a que dejéis de pensar en lo que los demás hacen o dejan de hacer, y dediquéis un poco de tiempo en las vacaciones a reflexionar sobre si estáis haciendo lo correcto con vuestras vidas; no lo que otros opinan que es normal o lo que hace todo el mundo; sino lo que os puede hacer realmente felices. La felicidad verdadera no se obtiene de cosas materiales, sino de la relación con el prójimo, para intentar crear entre todos un mundo mejor.
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jueves, 15 de octubre de 2009
Blogs 2009 ¿Cambio climático?
En mis cuarenta y tres años no he visto cambios apreciables en el clima. Hay años más secos en que apenas llueve, otros más fríos, pero también más calientes y lluviosos. Detrás del famoso cambio climático hay todo un negocio montado donde algunos, como Al Gore se están forrando, diciendo a los demás que ahorren energía mientras él la despilfarra en su propia casa. Si tanto le importa el tema, debería vivir en una cabaña en el bosque. Es tremendo pensar lo fácil que resulta manipular la opinión pública. Hace pocos años nos decían que nos íbamos a congelar por el efecto invernadero, y ahora resulta que se va a calentar el planeta.
¿Qué nos dirán dentro de veinte años? Lo que sea necesario para justificarse. En la historia del planeta tierra todo el mundo sabe que ha habido largas temporadas en que el hielo lo cubría todo y otras más cálidas. Depende principalmente de la actividad solar en la cual no tenemos ninguna influencia. Está bien ser ecologista y preocuparse por preservar las masas boscosas del Amazonas y la biodiversidad. Pero no tiene sentido hacernos sentir culpables, cuando lo cierto es que en la ciudad de Las Vegas o Nueva York se despilfarra más energía que en algunos países enteros de África y nadie les reprocha nada.
Lo que no se puede pretender es que los países pobres sigan sin poder poner redes eléctricas o industria, porque perjudican al planeta, mientras nosotros seguimos con nuestros ordenadores y nuestras pilas. Tampoco es razonable pensar que vamos a renunciar a la tecnología y volver a la Edad Media por un supuesto riesgo climático grave. Hay tantos informes a favor de esta teoría como en contra, pero también hay grandes intereses empeñados en fomentar a unos y silenciar a otros. El cambio climático, si lo hubiera, tardaría décadas en suceder, y mientras se prueba o no, lo que está claro es que algunos se están llenando los bolsillos a nuestra costa.
Lo que realmente debería preocuparnos son los millones de niños abortados cada año en el mundo. Eso sí que son datos reales y tangibles.
¿Qué nos dirán dentro de veinte años? Lo que sea necesario para justificarse. En la historia del planeta tierra todo el mundo sabe que ha habido largas temporadas en que el hielo lo cubría todo y otras más cálidas. Depende principalmente de la actividad solar en la cual no tenemos ninguna influencia. Está bien ser ecologista y preocuparse por preservar las masas boscosas del Amazonas y la biodiversidad. Pero no tiene sentido hacernos sentir culpables, cuando lo cierto es que en la ciudad de Las Vegas o Nueva York se despilfarra más energía que en algunos países enteros de África y nadie les reprocha nada.
Lo que no se puede pretender es que los países pobres sigan sin poder poner redes eléctricas o industria, porque perjudican al planeta, mientras nosotros seguimos con nuestros ordenadores y nuestras pilas. Tampoco es razonable pensar que vamos a renunciar a la tecnología y volver a la Edad Media por un supuesto riesgo climático grave. Hay tantos informes a favor de esta teoría como en contra, pero también hay grandes intereses empeñados en fomentar a unos y silenciar a otros. El cambio climático, si lo hubiera, tardaría décadas en suceder, y mientras se prueba o no, lo que está claro es que algunos se están llenando los bolsillos a nuestra costa.
Lo que realmente debería preocuparnos son los millones de niños abortados cada año en el mundo. Eso sí que son datos reales y tangibles.
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jueves, 7 de mayo de 2009
Típicos tópicos
Sigo metiéndome en berenjenales. Por ejemplo, la gente que dice "yo es que soy pacifista y estoy en contra de los ejércitos". Más pacifista que yo es difícil, pero nunca se me ocurriría eliminar las fuerzas armadas. Cuando dicen en televisión que hay una manifestación pacifista, pienso que por esas calles mejor no pasar. Son los que acaban rompiendo los escaparates. Creo que habría que hacer otro testamento vital pacifista: "Que conste ante notario que: en caso de guerra, no quiero que me defiendan, ni a mi familia; en caso de catástrofe natural, que no venga el ejército a rescatarme; si me pierdo en el monte, no quiero que manden a los especialistas militares a buscarme; si tengo un accidente de tráfico, que no me socorra la guardia civil, que es militar..."
Es cierto que, especialmente en algunos países, la policía se corrompe, porque son personas, y cuando se da tanto poder a alguien es posible que intente abusar de él. Sin embargo, nunca se puede juzgar a todo un colectivo por lo que hagan unas cuantas personas, sobretodo cuando en nuestro país la norma es que las fuerzas de seguridad hagan su trabajo correctamente. No hay que olvidar que son ellos los que se juegan sus vidas cada día por nosotros. Cuando alguna vez hay una manifestación en contra de la guerra en general (no de una determinada), yo me pregunto: ¿es que piensan que hay alguien a favor de las guerras?. Yo, es que me gustan las guerras... Por supuesto que a nadie le agradan, porque en ellas todo el mundo sale perdiendo. Todos somos amantes de la paz, igual que todos estamos en contra del hambre en el mundo.
Todos somos también ecologístas. Yo la primera. No conozco a mucha gente a quien le gusten absolutamente todos los seres vivos, como es mi caso. Sin embargo, nunca utilizaría la ecología como excusa para atacar a otras personas o evitar el desarrollo de medio mundo. Muchos ecologistas son de los que luego visten zapatillas de marca fabricadas en países donde no se respetan los derechos humanos y mucho menos el medioambiente. Así que, antes de colocarse etiquetas que quedan muy bien ante la galería: pacifista, ecologísta... hay que pensar seriamente en lo que implican. En este país se supone que corresponden a una ideología de izquierdas, cosa que tampoco es cierta. Se puede ser pacifista y aplaudir al ejército, que está ahí para protegernos. Se puede ser ecologista sin necesidad de ir en contra de nadie; porque a veces los gestos que más cuentan son los que hacemos en privado.
Es cierto que, especialmente en algunos países, la policía se corrompe, porque son personas, y cuando se da tanto poder a alguien es posible que intente abusar de él. Sin embargo, nunca se puede juzgar a todo un colectivo por lo que hagan unas cuantas personas, sobretodo cuando en nuestro país la norma es que las fuerzas de seguridad hagan su trabajo correctamente. No hay que olvidar que son ellos los que se juegan sus vidas cada día por nosotros. Cuando alguna vez hay una manifestación en contra de la guerra en general (no de una determinada), yo me pregunto: ¿es que piensan que hay alguien a favor de las guerras?. Yo, es que me gustan las guerras... Por supuesto que a nadie le agradan, porque en ellas todo el mundo sale perdiendo. Todos somos amantes de la paz, igual que todos estamos en contra del hambre en el mundo.
Todos somos también ecologístas. Yo la primera. No conozco a mucha gente a quien le gusten absolutamente todos los seres vivos, como es mi caso. Sin embargo, nunca utilizaría la ecología como excusa para atacar a otras personas o evitar el desarrollo de medio mundo. Muchos ecologistas son de los que luego visten zapatillas de marca fabricadas en países donde no se respetan los derechos humanos y mucho menos el medioambiente. Así que, antes de colocarse etiquetas que quedan muy bien ante la galería: pacifista, ecologísta... hay que pensar seriamente en lo que implican. En este país se supone que corresponden a una ideología de izquierdas, cosa que tampoco es cierta. Se puede ser pacifista y aplaudir al ejército, que está ahí para protegernos. Se puede ser ecologista sin necesidad de ir en contra de nadie; porque a veces los gestos que más cuentan son los que hacemos en privado.
jueves, 23 de abril de 2009
Marcas blancas
Creo que ya escribí sobre este tema en el otro blog. Si hay algo a lo que no debemos renunciar nunca es al sentido común. La sabiduría popular mediante el refranero dice aquello de: nadie da duros a cuatro pesetas. Cuando una marca acepta fabricar productos para otros bajo otro nombre, y venderlos más baratos, evidentemente baja también la calidad. Porque de otro modo estaría haciéndose la competencia desleal a sí mismo. La gente pensaría: si es tan bueno como X, ya no voy a comprar más que el barato, naturalmente.
Pero también puede ocurrir que sean perjudiciales para nuestra salud, porque sustituyen los aceites por grasas hidrogenadas, y el azúcar por fructosa, que sale más barato. Así que cuando el gobierno se dedica a aconsejarnos que compremos estos alimentos, están perjudicando a la industria nacional, a nuestra salud e incluso al medio ambiente. A veces el ahorro consiste en no ser tan cuidadoso con los materiales de embalaje y los residuos. Aunque realmente el problema es que el mercado libre funciona como un ecosistema donde las injerencias externas sólo solucionan un problema a costa de crear otros.
Renunciar a las marcas españolas sólamente perjudica a los trabajadores de esas empresas que, probablemente tengan que reducir plantilla o cerrar alguna fábrica. Cosa que, por supuesto, nadie hace por gusto, sino para evitar que se arruine la empresa y tenga que dejar a todos los trabajadores en la calle. Así que no tiene mucho sentido seguir gastando dinero en cosas innecesarias y luego querer ahorrar en lo más importante: en la calidad de los productos, que puede afectar a nuestra salud.
Música: fuego en el fuego.
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