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miércoles, 27 de abril de 2011

Cargar con tu propia cruz

Aprovechando esta Semana Santa he estado haciendo examen de conciencia y he llegado a la conclusión de que no puedo seguir soportando los sufrimientos ajenos. Ya sé que no suena precisamente muy cristiano eso de pretender desentenderse de las desgracias de los otros, pero es una simple cuestión de supervivencia emocional. Siempre he sido muy empática. Aún así, he pasado por situaciones terribles consiguiendo mantenerme relativamente al margen. No sé cómo lo lograba entonces, pero desde luego he perdido la receta. Ahora me parece que cargo con los dolores y las decepciones de todos y eso es algo imposible de soportar. Por eso me ha llevado a la situación que atravieso en este momento.

Tengo que endurecerme de nuevo y hacerme con una coraza. Tengo que aprender a llevar solamente mi cruz, que a veces ya es suficiente. No puedo evitar que siga habiendo guerras, hambre, injusticia y enfermedades. No puedo hacer nada en la batalla contra el paso del tiempo, que está perdida de antemano. No puedo ni debo sacrificar mi alegría de hoy y mis ilusiones de mañana porque vivo angustiada pensando en lo que podría ser y no es. Es más fácil de decir que de llevar a cabo, pero, después de mi última zambullida en el vacío, he hecho firme propósito de no dejarme llevar de nuevo. La conmiseración es una virtud, sin duda, pero también puede ser un lastre demasiado pesado para soportarlo.

jueves, 24 de febrero de 2011

Hijos

Está nuestra sociedad en plena campaña contra los hijos. Dicen que los niños te atan de por vida, que ya no puedes salir ni viajar, que cuestan mucho dinero y dan disgustos. Todo eso es cierto, sin duda, pero cualquiera que lo haya probado sabe que se compensa con creces sólo con la alegría de verlos crecer y aprender cosas nuevas cada día; aunque eso signifique que te lleven la contraria. Las molestias del embarazos, los dolores del parto, se olvidan completamente en cuanto te ponen a tu hijo en los brazos. Entonces, todos miramos con admiración cómo es posible que alguien tan pequeñito pueda tener sus diez deditos en cada mano y sus diez uñitas, una por dedo. El milagro de la vida es lo más hermoso y más grande que existe y nadie debería perderselo a propósito.

Los hijos a veces son una molestia, sí, pero otras son lo único que te hace sonreir en un mal día. La sonrisa de un niño puede derretir el corazón más duro. Yo misma no tenía ninguna afición a los bebés hasta que tuve los míos y entonces el instinto maternal surgió - ya desde el primer día de embarazo -, enseñándome todo lo que tenía que saber. Ser padre, y madre, es lo natural en el ser humano como en cualquier otra especie animal. El trabajo, los estudios, los viajes... pueden esperar; pero la naturaleza no espera. Luego, llegan los lamentos cuando una pareja no consigue tener hijos; o, cuando, ya mayores, se encuentran solos preguntándose si su vida, con todos sus éxitos, ha tenido realmente sentido, al no tener continuidad en otros.

lunes, 7 de febrero de 2011

Operarse por gusto: prótesis mamarias

Por más que intento ponerme en situación, no me explico cómo alguien puede pasar por el quirófano por simple capricho. Además, la operación de aumento de pecho es muy dolorosa. Tienen que despegar el músculo del hueso y meter la prótesis de bajo. Es horrible sólo de pensarlo. La recuperación es bastante dura. Eso es algo que, naturalmente, no te cuentan en la consulta. Total, para tener una talla de pecho de más de cien, que es la que suelen poner en ese tipo de operaciones; lo cual probablemente acabe causándoles incomodidades y dolores de espalda. Otras mujeres, en cambio, se operan para reducir ese tamaño excesivo. Entre unas y otras, muchos médicos se están forrando.

Ya sé que hay casos delicados de mujeres que son absolutamente planas y eso les acompleja, pero no se puede justificar una gran cantidad por unas excepciones mínimas. Yo, desde luego, nunca pasaría por algo así voluntariamente. Luego están los implantes debidos al cáncer, que son lógicos y razonables. Pero me temo que la inmensa mayoría son casos de chicas que deberían haber pasado por un buen psicólogo. Una talla mayor de pecho no va a solucionar sus problemas de relación con los hombres, ni les va a ayudar en los estudios, ni mucho menos les va a conseguir la pareja ideal. Más bien al contrario, ese físico llamativo sólo puede atraer a personas superficiales que no las aprecien más que por sus prótesis mamarias. Qué triste.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Cristo Rey

Hay quien dice que los cristianos somos masoquistas porque contemplamos el sufrimiento de Jesús en la cruz. Pero nosotros no apreciamos el dolor, sino el sacrificio voluntario. No se puede eliminar de la vida los malos momentos, pero sí se pueden vivir con resignación, como un ofrecimiento en favor del bienestar ajeno. Así Jesús, ofreció a la humanidad lo más personal y propio que tenía: su cuerpo; y su propio padecimiento, para así hacernos comprender la fuerza del amor que lo guiaba. También los mártires cristianos que, a lo largo de la historia, han aceptado la muerte por no renegar de su fe, demostrando de ese modo que el amor es lo único que siempre sale vencedor.

Se le puede arrebatar a un hombre todos sus bienes, su familia, sus amigos y su libertad. Pero, mientras siga siendo dueño de su cuerpo y mente, se conserva intacto. (Como demostró Nelson Mandela en sus años de prisión). Sin embargo, cuando una persona ofrece su sufrimiento; o más aún, se somete voluntariamente al dolor, pudiendo haberse librado gracias a su poder - como era el caso de Jesucristo -, está entregándose él mismo como sacrificio, como la mayor muestra de amor existente. Por eso, la cruz no es algo desagradable, sino una prueba del amor de Dios. Y Jesús no es un rey revestido de poder y riqueza, sino el rey de nuestro corazón, cuando se lo ofrecemos libremente.

sábado, 23 de octubre de 2010

No es lo que vives, es lo que sientes

Una vez escribí que yo no reniego de mis arrugas, que me las he ganado una a una. Recibí una contestación sarcástica, como era lo habitual en ese blog. No es sólo la apariencia física; es que la vida te va moldeando a través de tus experiencias y sensaciones. Puede parecer que yo he vivido poco, pero desde luego he sentido mucho, y eso me ha hecho como soy. No puedo decir que haya pasado por experiencias límite, pero sí he vivido mis emociones al límite. He sufrido mucho física y psicológicamente, a veces por cosas sin importancia, pero el dolor era el mismo. Todos hemos tenido un simple cólico que nos ha llevado al límite de la resistencia; con el alma ocurre lo mismo. No es tanto lo que te pasa, sino cómo lo vives.

A veces me he sentido despreciada, humillada, odiada y, lo que es peor, ignorada por gente a quien tenía aprecio. La indiferencia es lo que más duele. He pasado también mucho miedo, más por los demás que por mí misma. Estuve, por ejemplo, todos mis embarazos con el temor de abortar, aunque afortunadamente no fue así, pero yo no vivía tranquila. No he tenido ningún accidente grave de coche, gracias a Dios, pero he estado a punto muchas veces y ese temor también forma parte de mí.  A veces pienso que la vida es sabia y se asegura de que conozcas todos los caminos, todos los sentimientos positivos y negativos, todos los temores. Tal vez para que, de ese modo, puedas ponerte en cualquier situación en el lugar del otro; para que aprendamos de la experiencia propia y de la ajena.

jueves, 25 de marzo de 2010

Maternidad

JORNADA POR LA VIDA
Es difícil explicar lo que se siente cuando estás embarazada. Al principio, casi no te lo crees y, cuando vas a darte cuenta, ya tienes una barriga con vida propia y todo tu mundo gira alrededor. Llega el último mes y estás a reventar, deseando pasar por lo que sea para liberarte. Pero, curiosamente, al nacer tu hijo, sientes como una sensación de pérdida o vacío bastante desagradable.

Y es que ese niño ya no te necesita tanto; ya no eres imprescindible para él. Es su primer día en el exterior y tu primer día sin él, sin sentir sus movimientos y su respiración dentro de ti. La maternidad es la sensación más intensa que se puede tener en la vida. Compensa todos los dolores, la incertidumbre, la preocupación; sólo por esos segundos en los que, por fín, te ponene al bebé sobre tu pecho y sientes, al mismo tiempo, alegría y tristeza, ilusión y miedo.

No hay dolor más grande ni más antinatural que el de perder un hijo. Todos los que han pasado por ello lo aseguran. Pero, sin embargo, ahora se disfruza esa tragedia llamándolo “derechos”; derecho a truncar la vida de un ser humano, solamente porque no podemos verlo. Si estuviera fuera del cuerpo de su madre gozaría de toda la protección de la sociedad.

Una mujer es madre desde el momento en que concibe un hijo. Lo siente en su sangre y en su corazón. Durante nueve meses conviven dos personas en un mismo cuerpo; para luego continuar su camino juntos durante un tiempo más o menos largo. Pero, aunque las circunstancias de la vida pudieran llegar a separarlos, ella siempre será la madre de su hijo, -así como el padre también lo será para siempre-, y ninguna ley humana puede modificar esto.

jueves, 12 de marzo de 2009

Hasta el punto en que duela

Haciendo Tai chi esta mañana, se me ocurrió pensar que parece una gimnasia muy suave, pero no lo es. Los ejercicios no cuestan mucho la primera vez que los haces, pero se repiten muchas veces, y, cuando ya vas por las últimas tandas, piensas: ya no puedo hacerlo más. Pero sigues, hasta el punto en que empieza a doler, y entonces es cuando ya sirven para algo. En la vida pasa lo mismo, hay que vivir hasta el punto en que duela un poco, no tanto que resulte insoportable y te amargue la vida, pero sí lo suficiente para comprobar que sigues vivo.

Cuando las cosas dejan de importarte, cuando sólo te preocupa aquello que te afecta personalmente, estás viviendo a medias. Me imagino que los autores de las matanzas que ha habido estos días, no se levantaron de repente una mañana pensando: voy a matar a todo el que se ponga por delante. En algún momento de su vida perdieron la capacidad de compasión. Tal vez empezó por no importarles si sus padres eran felices, si a sus hermanos les iba bien o mal. Pasaron a desearles cosas malas a aquellos con los que no estaban de acuerdo. De ahí a coger un arma y apretar el gatillo sólo queda un paso.

Vivir al margen de todo debe ser un gustazo. Yo no he podido hacerlo nunca. Hay gente a la que no le importa lo que pase más allá de cien kilómetros de su pueblo, otros a los que sólo les importa su familia y algunos a los que no les preocupa más que su propio ser. Los jovencitos que se han criado solos a base de televisión, videoconsolas y películas, pierden el contacto con la realidad. No saben que las víctimas sufren, pero sus familiares y amigos sufren más todavía. No saben que todos los que lo presenciamos sufrimos también en mayor o menor medida. Se creen que su verdad vale más que la propia vida, y eso es el origen de todo mal.

Se empieza por huir del sufrimiento, por negarse a tener experiencias desagradables, por evitar todo esfuerzo y sacrificio; y acabas llevando una vida de robot, que no sufre, pero tampoco disfruta, porque no ha aprendido nunca a amar de forma incondicional. "Amar hasta que duela", decía Santa Teresa de Calcuta. Lo cual no significa volverse un ser ávido de experiencias nuevas, sino vivir apasionadamente en las circunstancias que te han tocado en suerte. Para no despertarte un día pensando que nada vale la pena, y que los demás no valen la pena, y que por tanto deben morir.