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viernes, 17 de septiembre de 2010
Gastroenteritis
Parece mentira cómo una enfermedad, en principio, benigna puede hacerte sentir tan mal. De la noche a la mañana ya no eres una persona, sino un cuerpo que reclama continuamente atención. Otro efecto es perder la dignidad y la vergüenza cuando tienes que explicarle a todo el mundo lo que te pasa. Sin embargo, alguna vez, resulta positivo encontrarse despojado del artificio, casi como un bebé indefenso, a merced de la caridad de otros. Yo, que tengo tendencia depresiva, en seguida me hundo y pienso que nunca me voy a curar. Así que rememoro lo agradable que era tener una buena salud relativa. El placer de la comida y la bebida, la libertad de hacer lo que deseas en cada momento, sin tener que ser esclavo del aseo. De repente, los días más aciagos me parecen maravillosos; las horas de aburrimiento, una bendición. Es triste, pero hay que pasarlo mal para apreciar realmente lo que tienes.
Pasado el sufrimiento me pongo a pensar que yo, al fin y al cabo, sólo he tenido doce horas malas. Los enfermos graves que pasan días en el hospital sí que tienen mérito. Es fácil desmoralizarse cuando pasa el tiempo y no mejoras. Es normal sentirse una carga para los demás, especialmente para tus seres queridos. Es una lección de humildad cuando ya no nos sentimos autosuficientes. Por desgracia, nadie está libre de encontrarse de repente impedido, dependiendo de cuidados ajenos. Es fácil de decir, pero no se gana nada sintiéndose culpable o inútil. Los cuidadores ya tienen bastante con su propia preocupación. Tampoco es la solución, por supuesto, querer acabar con todo. Hoy en día la medicina ha conseguido curar casos inimaginables hace poco tiempo, y la batalla no está nunca perdida hasta el último segundo.
Pasado el sufrimiento me pongo a pensar que yo, al fin y al cabo, sólo he tenido doce horas malas. Los enfermos graves que pasan días en el hospital sí que tienen mérito. Es fácil desmoralizarse cuando pasa el tiempo y no mejoras. Es normal sentirse una carga para los demás, especialmente para tus seres queridos. Es una lección de humildad cuando ya no nos sentimos autosuficientes. Por desgracia, nadie está libre de encontrarse de repente impedido, dependiendo de cuidados ajenos. Es fácil de decir, pero no se gana nada sintiéndose culpable o inútil. Los cuidadores ya tienen bastante con su propia preocupación. Tampoco es la solución, por supuesto, querer acabar con todo. Hoy en día la medicina ha conseguido curar casos inimaginables hace poco tiempo, y la batalla no está nunca perdida hasta el último segundo.
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jueves, 11 de marzo de 2010
Instinto de protección
Una pareja de adolescentes van a cruzar la calle. Él la sujeta del brazo, porque venía un coche y ella andaba un poco despistada. Yo también soy muy despistada y mi marido siempre me agarra para cruzar la calle; al igual que yo, instintivamente, todavía me preocupo cuando cruzo la calle con mis hijos. A la pequeña, a veces la sujeto, pero procuro no hacerlo, no sea que sus compañeras le digan que va de la mano de su madre. El instinto de protección es algo consustancial a todo ser vivo, muy especialmente cuando tiene una familia, personas que le importan o de su propia sangre. Incluso, los pájaros son capaces de jugarse la vida por proteger a su prole; cuánto más un ser humano. Y no existe ser vivo más dependiente e indefenso que el que se encuentra todavía en gestación. Por eso el aborto es algo antinatural.
A lo largo de la historia, los hombres han luchado y han trabajado hasta la extenuación para mantener y proteger a sus familias. Siendo así, no es extraño que conserven aún ese instinto tan despierto. Sin embargo, hay mujeres que se consideran humilladas por el hecho de que un hombre quiera ayudarlas o protegerlas; lo cual provoca situaciones incómodas o tensas. Que tu pareja te agarre para cruzar la calle no significa que piense que no sabes cruzar sola, que eres tonta o menor de edad. Simplemente, quiere decir que te quiere y se preocupa por tí de la mejor manera que sabe. Sentirse ofendida porque te abran la puerta o te ayuden a ponerte el abrigo, lo que denota es un gran orgullo e inseguridad personal. La vida está hecha para vivirla y disfrutarla; no para tener que estar demostrando todo el tiempo que eres autosuficiente.
A lo largo de la historia, los hombres han luchado y han trabajado hasta la extenuación para mantener y proteger a sus familias. Siendo así, no es extraño que conserven aún ese instinto tan despierto. Sin embargo, hay mujeres que se consideran humilladas por el hecho de que un hombre quiera ayudarlas o protegerlas; lo cual provoca situaciones incómodas o tensas. Que tu pareja te agarre para cruzar la calle no significa que piense que no sabes cruzar sola, que eres tonta o menor de edad. Simplemente, quiere decir que te quiere y se preocupa por tí de la mejor manera que sabe. Sentirse ofendida porque te abran la puerta o te ayuden a ponerte el abrigo, lo que denota es un gran orgullo e inseguridad personal. La vida está hecha para vivirla y disfrutarla; no para tener que estar demostrando todo el tiempo que eres autosuficiente.
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