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lunes, 14 de febrero de 2011
Cocinero antes que fraile
Tienen los jóvenes la costumbre de creer que nadie lo ha sido antes. También me pasa a mí cuando voy a misa entre semana y veo a esos señores mayores, bajitos y débiles, y me cuesta creer que hayan sido jóvenes con diez centímetros más, pelo lustroso y musculatura. Sin embargo, es cierto, como que yo también he sido joven hace no mucho tiempo. Por eso decían mis padres: no olvides que yo también he sido cocinero antes que fraile. Es decir, que todos hemos pasado por la edad de la inconsciencia, la rebeldía y los grandes sueños. O al menos, así debería ser, porque los jóvenes actuales no parecen tener muchos horizontes más allá del calimocho. Ya sé que hay honrosas excepciones, pero la verdad es que yo no los veo sacrificando su tiempo al estudio como Ortega y Gasset, por ejemplo.
Se supone que la renovación de las ideas y la ciencia debería estar en manos de las nuevas generaciones. Me temo que no va a ser así, mientras le presten más atención a las videoconsolas que a la realidad. Espero que estemos a tiempo todavía de recuperar ese entusiasmo juvenil, aunque sólo sea para formar nuevas familias que aseguren el relevo generacional. Mientras tanto, habrá que intentar explicarles que los mayores sabemos de lo que hablamos, que todos hemos sido jóvenes y hemos querido cambiar el mundo; pero luego hemos madurado y comprendido que es mejor mantener que destruir; renovar desde dentro con serenidad y sentido común. Y sobretodo, que no puede renegar de su responsabilidad con la sociedad futura, porque algún día estará en sus manos, les guste o no.
Se supone que la renovación de las ideas y la ciencia debería estar en manos de las nuevas generaciones. Me temo que no va a ser así, mientras le presten más atención a las videoconsolas que a la realidad. Espero que estemos a tiempo todavía de recuperar ese entusiasmo juvenil, aunque sólo sea para formar nuevas familias que aseguren el relevo generacional. Mientras tanto, habrá que intentar explicarles que los mayores sabemos de lo que hablamos, que todos hemos sido jóvenes y hemos querido cambiar el mundo; pero luego hemos madurado y comprendido que es mejor mantener que destruir; renovar desde dentro con serenidad y sentido común. Y sobretodo, que no puede renegar de su responsabilidad con la sociedad futura, porque algún día estará en sus manos, les guste o no.
jueves, 9 de abril de 2009
Viva la vida
Tener hijos es lo único que realmente consuela cuando sufres las pérdidas inevitables de tus seres queridos más ancianos. También sirven los sobrinos, o incluso hijos de amigos muy cercanos. Convivir con un niño pequeño, verlo crecer e ir descubriendo el mundo paso a paso, te devuelve a un estado de ilusión y esperanza que sólo da la infancia. Un bebé es una criatura indefensa bastante molesta que, sin embargo, consigue que todos estén pendientes de sus necesidades. Basta una sonrisa o un nuevo gesto para compensar las noches sin dormir y el cansancio. Un niño llena de vida la familia más triste y agotada.
Cuando las fuerzas de la juventud empiezan a abandonarte y ya no te quedan nuevos retos por los que luchar, la llegada de un nieto es una fuente inagotable de energía, que cura la melancolía y mitiga todos los dolores. Cada niño que nace es un regalo de Dios a la humanidad. Tan pequeño, tan frágil, sin embargo, es único y valioso porque es la única garantía de futuro de su familia y de su pueblo. Es una semilla de eternidad. Cuando oigo hablar de los fetos como si fueran tumores que hay que estirpar; cuando escucho que se considera un derecho acabar con la vida de una persona en ciernes; se me parte el corazón y no puedo soportarlo.
Ese feto de apenas unos centímetros tal vez podría haber sido un gran sabio que encontrara la solución a los problemas de la humanidad; o tal vez sería un buen padre o madre de familia, cuya contribución hiciera este mundo un poco mejor. Cada una de esas personas, con cuyos restos quieren comerciar como si fueran carne de carnicería, sería, si lo dejaran, alguien con sus propios afectos e intereses, tan fuerte o tan débil, tan bueno o tan malo como cualquiera de nosotros. ¿Quién puede negarles la oportunidad de seguir existiendo? Si acabamos con los niños, podremos tener una vida más cómoda y despreocupada, pero será una vida sin sentido y sin alegría de vivir.
"Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre del unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios". Harry Potter y la piedra filosofal
Cuando las fuerzas de la juventud empiezan a abandonarte y ya no te quedan nuevos retos por los que luchar, la llegada de un nieto es una fuente inagotable de energía, que cura la melancolía y mitiga todos los dolores. Cada niño que nace es un regalo de Dios a la humanidad. Tan pequeño, tan frágil, sin embargo, es único y valioso porque es la única garantía de futuro de su familia y de su pueblo. Es una semilla de eternidad. Cuando oigo hablar de los fetos como si fueran tumores que hay que estirpar; cuando escucho que se considera un derecho acabar con la vida de una persona en ciernes; se me parte el corazón y no puedo soportarlo.
Ese feto de apenas unos centímetros tal vez podría haber sido un gran sabio que encontrara la solución a los problemas de la humanidad; o tal vez sería un buen padre o madre de familia, cuya contribución hiciera este mundo un poco mejor. Cada una de esas personas, con cuyos restos quieren comerciar como si fueran carne de carnicería, sería, si lo dejaran, alguien con sus propios afectos e intereses, tan fuerte o tan débil, tan bueno o tan malo como cualquiera de nosotros. ¿Quién puede negarles la oportunidad de seguir existiendo? Si acabamos con los niños, podremos tener una vida más cómoda y despreocupada, pero será una vida sin sentido y sin alegría de vivir.
"Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre del unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios". Harry Potter y la piedra filosofal
jueves, 5 de marzo de 2009
Matrimonios
El otro día en televisión ponían un programa sobre los pueblos de la llamada sierra pobre de Madrid. Una reportera con un cámara entraba en el pueblo y buscaba alguien de allí que se lo enseñara. La mayoría de los habitantes que encontraba eran de la tercera edad, gente muy agradable y acogedora, que incluso les invitaban a sus propias casas. Algunos eran viudos y lo decían con tristeza, otros llevaban cuarenta o cincuenta años casados.
Les preguntaba la reportera por qué creen que los matrimonios ya no duran ahora y su respuesta fue muy clara: porque se aburren y se cansan enseguida. No porque actualmente tengan más problemas que antaño, más bien al contrario. Antes, y especialmente en estos pueblos, la gente vivía de la agricultura del ganado. Cuando había más para comer, lo guardaban, y cuando no había se alimentaban de embutidos y sobras. Estaban aislados durante meses.
Las parejas tendrían los mismos problemas que ahora, pero no tenían alternativa, así que aprendían a tolerar y perdonar y a no maltratarse. El trabajo y el cuidado de sus hijos tampoco les dejaba mucho tiempo libre para darle vueltas a la cabeza. Así que, con los años, la mayoría de ellos conseguían ser felices. Daba gusto ver las parejas de ancianos tomando el solecillo en un banco en la puerta de sus casas, disfrutando de la vida sin más.
Hay gente que se casa sin apenas conocerse realmente y luego resulta que son incompatibles, pero creo que son los menos. Creo que, si preguntaran a los del divorcio express, un tanto por ciento alto respondería que se arrepienten de haberse separado, que si hubieran tenido un periodo de reflexión, probablemente hubieran solucionado sus diferencias. Pero la vida sigue su curso y luego es difícil desandar lo andado.
Me recuerda al chiste: regalo ferrari porque tiene los ceniceros sucios. Pero no es tan fácil volver a encontrar otro ferrari (alguien que valga la pena), y si lo encuentras también estará usado. Cuando me dice la gente que tengo mucha suerte por conservar mi matrimonio, yo pienso que no es cuestión de suerte. Suerte de haberle encontrado, sí, pero mucho trabajo diario durante muchos años para adaptarnos el uno al otro y a nuestros hijos. Nada sale gratis.
Les preguntaba la reportera por qué creen que los matrimonios ya no duran ahora y su respuesta fue muy clara: porque se aburren y se cansan enseguida. No porque actualmente tengan más problemas que antaño, más bien al contrario. Antes, y especialmente en estos pueblos, la gente vivía de la agricultura del ganado. Cuando había más para comer, lo guardaban, y cuando no había se alimentaban de embutidos y sobras. Estaban aislados durante meses.
Las parejas tendrían los mismos problemas que ahora, pero no tenían alternativa, así que aprendían a tolerar y perdonar y a no maltratarse. El trabajo y el cuidado de sus hijos tampoco les dejaba mucho tiempo libre para darle vueltas a la cabeza. Así que, con los años, la mayoría de ellos conseguían ser felices. Daba gusto ver las parejas de ancianos tomando el solecillo en un banco en la puerta de sus casas, disfrutando de la vida sin más.
Hay gente que se casa sin apenas conocerse realmente y luego resulta que son incompatibles, pero creo que son los menos. Creo que, si preguntaran a los del divorcio express, un tanto por ciento alto respondería que se arrepienten de haberse separado, que si hubieran tenido un periodo de reflexión, probablemente hubieran solucionado sus diferencias. Pero la vida sigue su curso y luego es difícil desandar lo andado.
Me recuerda al chiste: regalo ferrari porque tiene los ceniceros sucios. Pero no es tan fácil volver a encontrar otro ferrari (alguien que valga la pena), y si lo encuentras también estará usado. Cuando me dice la gente que tengo mucha suerte por conservar mi matrimonio, yo pienso que no es cuestión de suerte. Suerte de haberle encontrado, sí, pero mucho trabajo diario durante muchos años para adaptarnos el uno al otro y a nuestros hijos. Nada sale gratis.
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