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lunes, 13 de diciembre de 2010
Derecho a opinar
Hay veces en que me han dicho que yo no tenía derecho a opinar sobre un tema determinado por no tener experiencia propia. Quiero dejar claro que yo no estoy en un convento de clausura ni pertenezco a la Guardia Civil - que no puede opinar. El hecho de ser una mujer casada, ama de casa, no implica que no tenga conocimientos y capacidad mental para opinar sobre situaciones que yo no he experimentado. Después del derecho a la vida, lo principal que existe es la libertad de expresión. No hace falta estar en la guerra para saber lo que ocurre allí; del mismo modo, no es necesario divorciarse para imaginar el sufrimiento que ello supone. Todos tenemos opiniones sobre temas que conocemos por terceros y eso no significa que no puedan estar bien fundamentadas.
El peor desprecio que se puede hacer a una persona es precisamente ignorarlo o negarle la capacidad de discernimiento. Algunas Ongs. incluso, caen en ese error cuando van a ayudar a gente del tercer mundo sin conocer realmente sus necesidades y su opinión al respecto. A menudo, es la gente más humilde y sencilla la que tiene más que enseñar a los demás en materia de sentido común y de saber manejar su vida y sus emociones. No hace falta un master en sociología para distinguir los errores que son tan comunes en nuestra sociedad, y cuya presencia ya salta a la vista. Pero, siempre habrá quien quiera incluso privarte de la capacidad de pensar libremente.
El peor desprecio que se puede hacer a una persona es precisamente ignorarlo o negarle la capacidad de discernimiento. Algunas Ongs. incluso, caen en ese error cuando van a ayudar a gente del tercer mundo sin conocer realmente sus necesidades y su opinión al respecto. A menudo, es la gente más humilde y sencilla la que tiene más que enseñar a los demás en materia de sentido común y de saber manejar su vida y sus emociones. No hace falta un master en sociología para distinguir los errores que son tan comunes en nuestra sociedad, y cuya presencia ya salta a la vista. Pero, siempre habrá quien quiera incluso privarte de la capacidad de pensar libremente.
jueves, 14 de mayo de 2009
Inmaduros y mediocres
Dice a veces mi hija que mi marido y yo somos unos inmaduros, porque nos hacemos bromas infantiles, nos llamamos por apelativos cariñosos, y, a nuestra edad, seguimos prefiriendo algunos dibujos animados a las películas de adultos. Yo le digo que es bueno intentar mantener la inocencia toda tu vida. Si eso es ser inmaduro, no tengo ninguna intención de madurar, porque me encanta conservar ese espíritu en nuestra casa. Ya tenemos tiempo y ocasiones para preocuparnos, ponernos serios y luchar por nuestros principios, pero en familia intentamos cultivar la alegría y disfrutar de cada detalle.
Dice la tutora de mi hijo que él es del grupo de los que han madurado más tarde. Supongo que se refiere a que no pretende llevar vida de adulto, bebiendo, fumando y practicando sexo, como algunos de sus compañeros. Me pregunto cómo es posible considerar inmaduro a un chico que sabe lo que quiere, trabajador, cariñoso, familiar y que no da apenas problemas. Tal vez es que el concepto de madurez también se ha pervertido en estos tiempos del "todo vale". Parece ser que prefieren a los chicos que no tienen opinión propia. Ahora resulta que ser tú mismo es ser inmaduro, porque vas en contra del "pensamiento único". Esto cada vez se parece más a la novela "Un mundo feliz".
Leí el otro día una carta al director curiosa. Decía el autor que se alegraba de haber sido siempre una persona mediocre (sin doble hipoteca, créditos varios, fondos de inversión o vicios caros). Estoy de acuerdo. Yo también estoy orgullosa de ser mediocre e inmadura. Pero la verdad es que me preocupa mucho pensar que mis hijos también van a ser rechazados por algunos que consideran que, lo que antes eran virtudes ahora son defectos, y viceversa. Yo sigo pensando que mi hijo es muy maduro para su edad y que los mediocres son aquellos que quieren ganar dinero sin ningún esfuerzo, para poder dilapidarlo en cosas innecesarias.
Dice la tutora de mi hijo que él es del grupo de los que han madurado más tarde. Supongo que se refiere a que no pretende llevar vida de adulto, bebiendo, fumando y practicando sexo, como algunos de sus compañeros. Me pregunto cómo es posible considerar inmaduro a un chico que sabe lo que quiere, trabajador, cariñoso, familiar y que no da apenas problemas. Tal vez es que el concepto de madurez también se ha pervertido en estos tiempos del "todo vale". Parece ser que prefieren a los chicos que no tienen opinión propia. Ahora resulta que ser tú mismo es ser inmaduro, porque vas en contra del "pensamiento único". Esto cada vez se parece más a la novela "Un mundo feliz".
Leí el otro día una carta al director curiosa. Decía el autor que se alegraba de haber sido siempre una persona mediocre (sin doble hipoteca, créditos varios, fondos de inversión o vicios caros). Estoy de acuerdo. Yo también estoy orgullosa de ser mediocre e inmadura. Pero la verdad es que me preocupa mucho pensar que mis hijos también van a ser rechazados por algunos que consideran que, lo que antes eran virtudes ahora son defectos, y viceversa. Yo sigo pensando que mi hijo es muy maduro para su edad y que los mediocres son aquellos que quieren ganar dinero sin ningún esfuerzo, para poder dilapidarlo en cosas innecesarias.
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
