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lunes, 1 de noviembre de 2010
Témporas de acción de gracias y de petición
Esa fecha corresponde a la misa del día cinco de octubre. Se llama así por ser un día relacionado con la cosecha, en el que se agradecía la anterior y se pedía por la siguiente. Hoy en día se considera un día dedicado al perdón, el agradecimiento y las peticiones personales. Se trata precisamente de aquellas cosas que no nos atrevemos a pedir, precisamente porque pensamos que no somos dignos de ellas, o que son imposibles de conseguir, sin tener en cuenta que Jesucristo dijo: "pedid y se os dará". Hay veces en que simplemente descartamos la posibilidad de poder mejorar nuestra vida y de ese modo nos estamos perjudicando seriamente. En especial, cuando lo que damos por imposible es algo que no afecta a todos. Y a quién mejor podemos pedirle intercesión que a nuestros fieles difuntos.
Por eso yo no dejo nunca de pedir por el fin del aborto. Tampoco en el siglo XIX se veía como posible acabar con la esclavitud y, sin embargo, ahora es una historia del pasado. Lo que está claro es que las cosas no pueden cambiar si no ponemos nada de nuestra parte y, aunque no sea más, la oración está al alcance de todos. Unos minutos de oración al día pueden hacer mucho más de lo que suponemos. Como mínimo son un medio de consuelo y una ayuda psicológica gratuita. Mantener viva la esperanza es la mejor manera de conseguir estar cada día más cerca de nuestros objetivos, por muy alocados que sean. Por eso, yo no dejo pasar ni un solo día sin seguir pidiendo cosas que pueden parecer no realistas, pero para Dios nada es imposible. Y el día de hoy es el más apropiado para dirigir nuestras plegarias a todos los Santos.
Por eso yo no dejo nunca de pedir por el fin del aborto. Tampoco en el siglo XIX se veía como posible acabar con la esclavitud y, sin embargo, ahora es una historia del pasado. Lo que está claro es que las cosas no pueden cambiar si no ponemos nada de nuestra parte y, aunque no sea más, la oración está al alcance de todos. Unos minutos de oración al día pueden hacer mucho más de lo que suponemos. Como mínimo son un medio de consuelo y una ayuda psicológica gratuita. Mantener viva la esperanza es la mejor manera de conseguir estar cada día más cerca de nuestros objetivos, por muy alocados que sean. Por eso, yo no dejo pasar ni un solo día sin seguir pidiendo cosas que pueden parecer no realistas, pero para Dios nada es imposible. Y el día de hoy es el más apropiado para dirigir nuestras plegarias a todos los Santos.
martes, 14 de septiembre de 2010
Exaltación de la Santa Cruz
Para este post me he inspirado en una homilía. Sucede que los cristianos a veces nos sentimos avergonzados de llevar una cruz o exhibirla en casa. Nos ha calado el discurso de que se trata de un instrumento de tortura, y, sin duda, lo es. Pero la cruz de Jesucristo es mucho más que eso: es el mayor símbolo de amor que existe. Durante los tres años de predicación que pasó Jesús tuvo miles de ocasiones de desdecirse y volverse atrás. Pudo haberse vuelto a su pueblo y vivir como carpintero treinta años más. Pero Él sabía que tenía una misión más importante y que el precio a pagar era su propia vida. Jesús no murió por desidia o error; murió por los que le insultaban y por los que nunca habían oído hablar de Él. Murió por todos nosotros, para que mantuviéramos viva nuestra fe durante generaciones.
Por eso, yo ahora llevo una cruz colgada del cuello. Porque es un motivo de orgullo, pensar que Jesús se entregó a la muerte voluntariamente sólo para que nosotros, ahora, más de veinte siglos después, podamos seguir acudiendo a Él. Para que podamos seguir rezando - que es la actividad más fácil y más provechosa que podemos hacer por el mundo. La Cruz es el símbolo del amor más grande que existe: el de alguien que entrega su cuerpo a la tortura y la muerte, solamente para demostrarnos que la vida no es lo más importante que tenemos, que es sólo una parte del camino de nuestra alma. Lo que realmente vale la pena es aprender a amar más allá de la distancia y el tiempo; hasta renunciar a uno mismo, y perdiéndose así llegar realmente a encontrarse, como el mismo Jesucristo nos enseñó a través de su sacrificio.
Por eso, yo ahora llevo una cruz colgada del cuello. Porque es un motivo de orgullo, pensar que Jesús se entregó a la muerte voluntariamente sólo para que nosotros, ahora, más de veinte siglos después, podamos seguir acudiendo a Él. Para que podamos seguir rezando - que es la actividad más fácil y más provechosa que podemos hacer por el mundo. La Cruz es el símbolo del amor más grande que existe: el de alguien que entrega su cuerpo a la tortura y la muerte, solamente para demostrarnos que la vida no es lo más importante que tenemos, que es sólo una parte del camino de nuestra alma. Lo que realmente vale la pena es aprender a amar más allá de la distancia y el tiempo; hasta renunciar a uno mismo, y perdiéndose así llegar realmente a encontrarse, como el mismo Jesucristo nos enseñó a través de su sacrificio.
miércoles, 23 de junio de 2010
Confiar en Dios
La fe no se puede explicar, ni se puede contagiar como un virus. La fe se tiene o no se tiene. Algunos darían lo que fuera por conseguirla y otros por librarse de ella. La fe es principalmente poner tu confianza en Dios. Eso no significa que no te vayan a pasar cosas malas en la vida, porque te ocurrirán igual. Significa en que confías en que Dios te ayudará a encararlas lo mejor posible. Supone también que crees que hay un fin último en todo lo que sucede; que las experiencias vienen para enseñarte algo que deberías aprender, a ser mejor, a valorar lo que tienes, a amar a tus seres queridos, y también a los que no te simpatizan. La fe es una apuesta a largo plazo. Aquel que pretende que le solucione la vida de repente, siempre sale decepcionado.
Conocer a Dios es una tarea de toda la vida. Realmente, es soberbia pensar que puedes llegar a conocerlo. Será suficiente si lo comprendes o te limitas a poner tu confianza en Él. Para eso es esencial la oración y la lectura de la Biblia. No digo que no se pueda ser una buena persona de modo absolutamente autodidacta; pero los textos sagrados, -incluso los de otras religiones- son una ayuda fundamental para no perder el camino. Una persona sola tiende a confundirse con sus propias sensaciones y pensamientos derivados de su experiencia vital; mientras que los textos que han guiado a millones de personas durante generaciones conservan todavía todo el sentido y saben transmitirle a cada cual lo que necesita en cada momento, si abre su corazón a la Palabra.
Conocer a Dios es una tarea de toda la vida. Realmente, es soberbia pensar que puedes llegar a conocerlo. Será suficiente si lo comprendes o te limitas a poner tu confianza en Él. Para eso es esencial la oración y la lectura de la Biblia. No digo que no se pueda ser una buena persona de modo absolutamente autodidacta; pero los textos sagrados, -incluso los de otras religiones- son una ayuda fundamental para no perder el camino. Una persona sola tiende a confundirse con sus propias sensaciones y pensamientos derivados de su experiencia vital; mientras que los textos que han guiado a millones de personas durante generaciones conservan todavía todo el sentido y saben transmitirle a cada cual lo que necesita en cada momento, si abre su corazón a la Palabra.
domingo, 10 de enero de 2010
La escuela de la vida (un año en un post)
He encontrado un post que no publiqué en su momento:
Creo que he aprendido mucho en la escuela de la vida. Por suerte, más por experiencia ajena que por propia. Pero soy una persona de emociones muy intensas. No es tanto lo que te sucede, sino cómo lo vives. Sé lo que es sentirse sóla, incomprendida por casi todos. No tener un amigo en quien confiar. Sé lo que es sentirse desbordada por las circunstancias y no poder más, pero tener que seguir adelante. Sé lo que echar de menos sin esperanza y ver pasar los días, los meses y los años, todos iguales. Sé lo que es preocuparse por el futuro, sabiendo que no está en tu mano solucionar nada. De todo eso he vivido también en el último año.
También he vivido las experiencias ajenas de los múltiples problemas que puede traer la vida: amor, celos, traición, desamor, alcohol, drogas, depresión, anorexia, bulimia, apatía, extremismo, enfermedad, locura... Lo he sentido como propio y ha quedado grabado en mi memoria. Practicamente no existe situación que no haya vivido de un modo u otro. Y ahora, además, tengo los testimonios de internet. Pero, a veces, me gustaría no saber nada y no poder opinar de nada. A veces, a mí también me invade una sensación de vacío y me pregunto si todos estos sentimientos valen la pena.
Trescientos sesenta y cinco días suponen sentir todas esas emociones a veces en el curso de unas pocas horas. Impresiona mucho pensar que, mientras escribo estas líneas, millones de personas en todo el mundo están viviendo en sus carnes y en sus almas situaciones que tal vez marcarán sus vidas para siempre, o estan sufriendo por las cosas que les suceden a otros. O tal vez solamente estén dejando la vida pasar, sin implicarse con nada ni con nadie. La falta de emociones es una enfermedad que se está extendiendo mucho en nuestra sociedad. Parece que algunos sólo son capaces ya de sentirlas cuando juegan con su videoconsola. El año que ha pasado ha traído algunos sustos importantes. Varias preocupaciones menores. Muchas alegrías. Pero sobretodo ha sido el año en que me he conocido a mí misma.
Creo que he aprendido mucho en la escuela de la vida. Por suerte, más por experiencia ajena que por propia. Pero soy una persona de emociones muy intensas. No es tanto lo que te sucede, sino cómo lo vives. Sé lo que es sentirse sóla, incomprendida por casi todos. No tener un amigo en quien confiar. Sé lo que es sentirse desbordada por las circunstancias y no poder más, pero tener que seguir adelante. Sé lo que echar de menos sin esperanza y ver pasar los días, los meses y los años, todos iguales. Sé lo que es preocuparse por el futuro, sabiendo que no está en tu mano solucionar nada. De todo eso he vivido también en el último año.
También he vivido las experiencias ajenas de los múltiples problemas que puede traer la vida: amor, celos, traición, desamor, alcohol, drogas, depresión, anorexia, bulimia, apatía, extremismo, enfermedad, locura... Lo he sentido como propio y ha quedado grabado en mi memoria. Practicamente no existe situación que no haya vivido de un modo u otro. Y ahora, además, tengo los testimonios de internet. Pero, a veces, me gustaría no saber nada y no poder opinar de nada. A veces, a mí también me invade una sensación de vacío y me pregunto si todos estos sentimientos valen la pena.
Trescientos sesenta y cinco días suponen sentir todas esas emociones a veces en el curso de unas pocas horas. Impresiona mucho pensar que, mientras escribo estas líneas, millones de personas en todo el mundo están viviendo en sus carnes y en sus almas situaciones que tal vez marcarán sus vidas para siempre, o estan sufriendo por las cosas que les suceden a otros. O tal vez solamente estén dejando la vida pasar, sin implicarse con nada ni con nadie. La falta de emociones es una enfermedad que se está extendiendo mucho en nuestra sociedad. Parece que algunos sólo son capaces ya de sentirlas cuando juegan con su videoconsola. El año que ha pasado ha traído algunos sustos importantes. Varias preocupaciones menores. Muchas alegrías. Pero sobretodo ha sido el año en que me he conocido a mí misma.
Etiquetas:
esperanza,
oración,
sentimientos,
soledad,
testimonios
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
