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lunes, 25 de octubre de 2010
Me llamo Earl
Se trata de una serie de televisión entretenida, aunque no apta para niños pequeños. El protagonista tiene una lista de tareas pendientes, cosas que hizo mal en el pasado y que debe enmendar. Pretende así reconciliarse con el Karma. Si haces cosas buenas, te suceden cosas buenas. La serie es divertida y original. Precisamente estaba pensando hoy que yo también debo tener cuentas pendientes con el karma, porque a veces mi mala suerte parece ya gafe. Nada importante, por fortuna, pero sí me suceden a menudo esa clase de cosas que te complican el día a día. Lo que ocurre es que en mi caso yo no sabría que poner en una lista ni qué hacer para arreglarlo.
Por ejemplo, la semana pasada, voy al cajero y me da el recibo pero no el dinero. Total, que reclamo y al día siguiente me pasa lo mismo en otro cajero. ¿Casualidad?. Voy a llamar por el móvil y no tengo batería, voy a la cabina y no funciona. Intento volver a mi casa, pero no hay sitio para aparcar el coche. Esta semana, fui tres veces a buscar un libro de lectura para mi hija. Las tres me dicen que se acaban de agotar y los van a volver a recibir. Al final, resulta que el libro lo tenían en otra librería que está junto a la iglesia donde voy a misa a menudo. Es una tontería, pero fastidia un poco, la verdad. Hay épocas en que acabo dando diez vueltas para cualquier tontería.
Por ejemplo, la semana pasada, voy al cajero y me da el recibo pero no el dinero. Total, que reclamo y al día siguiente me pasa lo mismo en otro cajero. ¿Casualidad?. Voy a llamar por el móvil y no tengo batería, voy a la cabina y no funciona. Intento volver a mi casa, pero no hay sitio para aparcar el coche. Esta semana, fui tres veces a buscar un libro de lectura para mi hija. Las tres me dicen que se acaban de agotar y los van a volver a recibir. Al final, resulta que el libro lo tenían en otra librería que está junto a la iglesia donde voy a misa a menudo. Es una tontería, pero fastidia un poco, la verdad. Hay épocas en que acabo dando diez vueltas para cualquier tontería.
lunes, 28 de junio de 2010
La vida no es una piscina
Pero, incluso en las piscinas, hay accidentes. Vivimos en el mundo de aquí y ahora, y muchos creen que lo tienen todo controlado. Está bien ser optimista, siempre que no pierdas el contacto con la realidad. Lo que no sirve de nada es repetir que todo va bien, como un mantra que pueda evitarte toda contrariedad. Nuestro gobierno sigue ese lema. Lo que pasa es que la vida es un mar y, como tal, está en continuo movimiento. Hay montones de factores de incertidumbre alrededor, como puedan ser una tormenta, las algas, los peces o, incluso, otros grandes mamíferos. Todo ello puede llegar a afectarnos de alguna manera. No se pueden hacer planes de futuro contando con que las condiciones atmosféricas serán ideales y el agua no se va a mover a nuestro alrededor.
A veces me parece que escribo cosas muy obvias y, sin embargo, hay mucha gente que no las conoce. Por ejemplo, aquellos que conducen suponiendo que los demás coches les ven siempre venir y se van a apartar a su paso, como si hubieran comprado la carretera y les perteneciera en propiedad. También, los que tienen relaciones promiscuas y creen que las enfermedades venéreas sólo las pillan los demás porque son tontos. O los que descuidan su trabajo, pensando que tienen el puesto asegurado de antemano. Entonces, van nadando por su piscina hasta que un día un pez les muerde un pie; y acaban descubriendo que la vida se construye cada día, que el amor hay que mantenerlo vivo y que la suerte es de los que se la trabajan.
A veces me parece que escribo cosas muy obvias y, sin embargo, hay mucha gente que no las conoce. Por ejemplo, aquellos que conducen suponiendo que los demás coches les ven siempre venir y se van a apartar a su paso, como si hubieran comprado la carretera y les perteneciera en propiedad. También, los que tienen relaciones promiscuas y creen que las enfermedades venéreas sólo las pillan los demás porque son tontos. O los que descuidan su trabajo, pensando que tienen el puesto asegurado de antemano. Entonces, van nadando por su piscina hasta que un día un pez les muerde un pie; y acaban descubriendo que la vida se construye cada día, que el amor hay que mantenerlo vivo y que la suerte es de los que se la trabajan.
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