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martes, 26 de octubre de 2010

Tráfico

Conduciendo por la ciudad, aparecen situaciones que serían cómicas de no resultar tan serias. Por ejemplo, a la vuelta de una curva, en pleno cruce, hay un cartel publicitario enorme con una señora estupenda en paños menores. No sé si pretenden así acabar con los conductores masculinos. Luego se extrañarán del número de accidentes... Al poco, hay un carril con la flecha de obligatorio seguir recto y, de un metro para otro, aparece una flecha de dirección obligatoria a la izquierda. De manera que te ves obligado a cambiar de carril inmediatamente, sin tiempo para hacer la maniobra con seguridad. En la carretera de Valencia, sucede lo mismo con algunas señalizaciones que cambian de un carril a dos o viceversa en el último momento.

Después entramos a un aparcamiento de esos que tienen luces de colores para señalizar las plazas de garaje: verde si está libre, rojo si está ocupada y azul para minusválidos. Pero, para mayor seguridad, delante de las plazas reservadas han puesto vallas. No se les ha ocurrido pensar que un paralítico no puede bajarse del coche para retirar las vallas de protección. Así que, en lugar de hacerles un favor, de este modo les impiden el aparcamiento. A veces pienso que, cuanto más se busca señalar y regularlo todo, más se complican las cosas. Las personas que se encargan de ello da la impresión de que nunca comprueban los resultados. Si no, no se explica que les pasen desapercibidos unos problemas tan evidentes. A veces, conducir se convierte en toda una aventura, especialmente cuando visitas un lugar nuevo y desconocido. Por suerte, yo no soy la que conduce, porque me pondría de los nervios.

sábado, 10 de octubre de 2009

Obama: premio Nobel de la paz porque sí

Ya se sabe que los premios Nobel no son siempre acertados, pero últimamente no dan una. En el caso de Obama parece que le han hecho un reconocimiento a sus buenas intenciones. Por desgracia, que una persona recite discursos bonitos que otro le ha escrito no significa nada. Es una muestra más de cómo las apariencias se han vuelto más importantes que la realidad. El presidente de EE.UU. apenas lleva nueve meses en el cargo y en ese tiempo no ha hecho siquiera amago de retirar sus tropas de Irak o Afganistán. Es decir, que los soldados a su cargo siguen matando gente en varias guerras. Me recuerda el caso del Ché Guevara (salvando las distancias), que se dedicaba a hacer discursos preciosos mientras él mismo personalmente fusilaba a miles de personas. Obama parece ser que es un firme defensor del aborto además, aún sabiendo que la mayoría de las mujeres que abortan en su país son de color.

Al presidente Obama lo eligieron por ser negro, y ahora le han dado el premio Nobel por el mismo motivo. Además, supone una gran cantidad de dinero que a él no le hacía ninguna falta. Otros candidatos eran el activista de derechos humanos afgano Sima Samar, el primer ministro zimbabwense Morgan Tsvangirai y la ex rehén de las FARC y candidata presidencial en Colombia, Ingrid Bentancourt, y la mediadora de paz colombiana, la senadora Piedad Córdoba. Esta entrega de premios ha resultado ser un ejemplo de cómo la publicidad y la propaganda pesan más que el sentido común. El poder mediático de Obama, transmitido hasta la saciedad por los medios de comunicación, ha sido el verdadero premiado. Mientras, los conflictos olvidados del mundo y los héroes anónimos tendrán que seguir esperando su reconocimiento y los fondos necesarios para continuar con su labor. Ya no se puede confiar ni en el Premio Nobel de la Paz.

viernes, 26 de junio de 2009

Cuatro veces

Nunca he utilizado este blog para hablar de personas determinadas con nombre, ni mucho menos he enlazado otros blogs para criticarlos. Si he mencionado a alguien ha sido para referirme a un tema, sin juicios de valor. Cuando he tenido una opinión que no les iba a gustar, he procurado hacerlo por correo electrónico. Sin embargo, a mí sí que me han nombrado al menos cuatro veces, que yo sepa, en otros blogs para ponerme verde. Sería muy fácil para mí contraatacar, y además aumentaría el número de visitas. Podría meter el dedo en la llaga. Podría justificarme, dar mi punto de vista, que se ha omitido. Pero no les veo ningún sentido a convertir en querellas personales temas generales que se refieren al Papa, la Iglesia o la moral cristiana. Desde que empecé a escribir, creo que había dejado claro que no pensaba transigir con esa clase de ataques, y lo que no comprendo todavía es por qué algunos suponían que no hablaba en serio.

Me debo estar haciendo famosa en internet muy a mi pesar. Me imagino que todavía ahora habrá quien esté pensando en dedicarme un bonito post. Le doy las gracias de antemano. No sé si se dan cuenta de que, de los que entran por curiosidad, siempre se quedan unos cuantos. Se puede decir que ahora este blog se nutre de también de morbo, lo cual me viene bien. Tampoco voy a engañar a nadie diciendo que no me importa saber que soy el tema de conversación negativo de tantas personas. No niego que me afecta y lo paso mal al principio, pero lo tengo asumido como gajes del oficio. Es fácil hacer leña del árbol caído, pero creo que también es cierto que Dios escribe derecho con renglones torcidos. He descubierto eso que dicen algunos artistas, que lo importante es que hablen de tí, bien o mal es lo de menos. Qué triste.

Música: Camela. Amor.com