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domingo, 26 de diciembre de 2010

Rumores y mentiras

El otro día fui a ver esta película un poco por error. No sabía que era la típica comedia de instituto americano. Sin embargo, tiene algunos aspectos interesantes, dentro de ser un telefilm. Trata de una chica decente que, por una mentira, de pronto adquiere fama de de promiscua; lo cual curiosamente la convierte en alguien muy popular. Ella se debate entre el deseo de decir la verdad y las ventajas que su nueva condición le supone, incluso económicas. Sin embargo, no se puede afirmar que tenga un mensaje moralizante, ya que aquellos que la critican son retratados como unos extremistas religiosos. Como si la moralidad fuera patrimonio exclusivo de los cristianos y, por tanto, algo sectario y radical.

Su mejor amigo, como no, resulta ser un homosexual, que abandona sus estudios para seguir sus tendencias; cosa que tampoco parece necesaria. En cuanto a sus padres y los de su mejor amiga, confiesan ser unos antiguos hippies que están de vuelta de todo aquello que intentan evitar en sus propios hijos; lo cual resulta contradictorio. Supongo que eso le aporta realismo a la película, ya que parece ser una situación habitual en muchos hogares americanos: padres que no pueden transmitir valores porque nunca han predicado con el ejemplo. Hijos que se debaten entre los dos extremos sin tener unos referentes claros. En el caso de esta chica, la historia acaba bien practicamente por causalidad, pero podría haber acabado fatal.

miércoles, 6 de octubre de 2010

A veces hay que decir que no

Lo que tiene ir de persona dulce y educada es que, a menudo, no te hacen ni caso. Cuando se trata de algo sin importancia, no le doy más vueltas; pero pero otras veces son temas que trascienden mi persona y mis circunstancias. Son asuntos que afectan a más gente o a la sociedad en general. Entonces toca ponerse serio. No me gusta nada tener que cambiar de aptititud. No va con mi carácter. Pero tengo comprobado que, a menudo, enfadarse es lo único que funciona. En España estamos tan acostumbrados a tomar las cosas a broma o dejarlas para luego, que si quieres que algo se haga ya, tienes que plantarte. Con los hijos ocurre lo mismo; una cosa es el cariño y otra los límites que hay que poner en la casa.

Algunos temas no son discutibles. Por ejemplo, ya he repetido un sinfin de veces que la Iglesia no está en contra de los anticonceptivos en general. Naturalmente, prefieren que las parejas tengan varios hijos, aunque eso se puede regular teóricamente por métodos naturales. Sin embargo, como no son muy fiables, hace décadas que los sacerdotes están haciendo "la vista gorda" respecto a los anticonceptivos orales. El problema son los preservativos porque, al prevenir contagios, fomentan la promiscuidad. Una pareja estable no teme a las enfermedades venéreas y no necesita condones en principio. Por eso, la Iglesia no es partidaria de los preservativos; lo cual no quiere decir tampoco que los haya prohibido, sino que no los recomienda.

jueves, 28 de mayo de 2009

Sobre coherencia

Realmente ya no sé lo que esperaba la gente de mí. Este blog se llama sigo a contra corriente. Desde que empecé a escribir he estado defendiendo las mismas ideas, con el beneplácito general, incluso de gente de ideología opuesta. Teníamos muy buen ambiente aquí. Pero llegó el momento de pasar a la práctica y supongo que, si soy católica, lo normal es que defienda al Papa. Algunos debían esperar que hiciera la vista gorda, lo que demuestra que no me conocen.

En el fondo me hace gracia porque debéis pensar que soy una especie de ogro que voy por la vida comiéndome a la gente que no piensa como yo. Que lo piensen los nuevos, es lógico, pero no los que llevan años visitando este blog. Soy una persona de lo más pacífica e inofensiva, pero sólo tengo un defecto: que no le doy la razón a quien creo que no la tiene. En estos tiempos es todo un problema. Me pregunto si os hubiera gustado que hiciera mil excepciones a cada regla, o si entonces pensaríais: caramba con Susana, ¿qué fue de su integridad?

Estoy convencida de que no soy la única, que en España y en el mundo hay millones de personas que comparten mi filosofía de vida, pero no escriben en internet. Están ocupados con sus familias o sus trabajos, o no quieren significarse. Sin embargo, no entiendo que aquellos que me han dado la razón tantas veces en teoría se den por ofendidos cuando simplemente paso a la práctica, siguiendo un principio elemental de coherencia. Si he hablado de fidelidad, no puedo decir que me parece bien las relaciones con parejas casadas, aunque eso suponga criticar a alguien que se suponía mi amiga. Si he hablado de promiscuidad, no puedo aplaudir a aquellas que van buscando cariño en las camas equivocadas. Si he defendido la tradición cristiana, no puedo admitir que algunos que van a la Iglesia sean incapaces de dar la cara por los religiosos, o contra el aborto.

Si pierdo amigos por eso, no creáis que no lo siento. No es nada personal. Es una simple consecuencia de vivir realmente lo que opino en todos los aspectos. Yo también tengo problemas, pero no quiero hacerme la víctima. He dejado mi vida personal de lado en el blog, para dedicarme a defender mis principios. Llevo tres años escribiendo lo que pienso y soy incapaz de hacer otra cosa, de hacerle la pelota a nadie o decir cosas neutras para quedar bien. Por eso ya no comento. Sólo espero que los que entran aquí lo hagan porque les gusta este blog, no para criticarme. Si no, no le veo sentido. No creáis que no me he dado cuenta de que algunos ya no contestan mis correos.

Música: enanitos verdes - lamento boliviano