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viernes, 30 de julio de 2010

Autobiografía: alzando el vuelo

De los veinte a los treinta años, tuve dos etapas diferentes. Hasta los veinticinco estuve trabajando, viajando con mi marido y viviendo una vida despreocupada. De los veinticinco a los treinta, pasé tres embarazos y tres partos. La primera parte fue muy relajada y la disfruté mucho. Empezaba a volar. La segunda, la verdad es que fue dura, con embarazos molestos y partos complicados; pero también la disfruté un montón. Aunque estaba exhausta y pensaba que no iba a aguantar más, el caso es que tuve tres hijos seguidos porque quise y me volqué con ellos en cuerpo y alma. Creo que no existe nada tan gratificante en la vida como formar una familia.

Esa década de mi vida pasó demasiado rápido. Es lo que tiene estar demasiado ocupada. Pero creo que hicimos bien en ser padres jóvenes, cuando aún teníamos energía de sobra. Recuerdo que hubo gente que no comprendió por qué quisimos tener tres hijos. Yo siempre había pensado que era el número ideal; pero, teniendo la pareja, me decían que eran suficientes y no debíamos tener más. Es curioso cómo algunos siempre parecen saber más que tú de tu vida y estar en desacuerdo con tus decisiones. Ya entonces empecé a sentirme otra vez fuera del sistema. Ama de casa con tres hijos. Estaba claro que lo mío era ser diferente. Pero entonces estaba muy convencida y las opiniones ajenas me importaban poco. Nunca me he sentido tan segura de algo.

jueves, 29 de octubre de 2009

Yo misma

El otro día me decía una amiga que no hablo nunca en el blog de cosas personales. Es cierto. Cuando empecé, hace casi cuatro años, era un diario personal y tenía muchas anécdotas. Con el tiempo se ha ido transformando en una especie de columna de opinión de periódico. Sin embargo, mientras tenía comentarios, aún se mantenía la relación particular con los lectores. Ahora son artículos de difusión. Sí que echo de menos cuando interactuaba con otras personas y el tema se enriquecía con opiniones ajenas, pero eso es una etapa que ya pasó y creo que no volverá.

Se empezó a estropear el día en que los comentarios ya no eran de los lectores asiduos sino de gente de fuera que no había seguido el blog y naturalmente malinterpretaban mis palabras. Se acabó de estropear en el último año debido a que la sociedad española se fue volviendo cada vez más extremista y ahora resulta que todo lo malo que sucede en el mundo es culpa de la derecha y de la Iglesia Católica. Se echó a perder del todo el día que descubrimos que ya ni los niños no nacidos estaban a salvo de la nueva ideología.

Así que ya no puedo hablar de mi misma, de mis preocupaciones o mis alegrías. Ahora soy un agente infiltrado en internet. Una sola persona intentando mantener los valores de nuestros antepasados, defender la labor de la iglesia y subrayar la importancia de la familia, en una sociedad que no quiere ver ni oir; sólo desea seguir hacia adelante como un burro con anteojeras, sin saber a donde se dirige ni quién la guía. Y a los primeros que tengo que intentar mantener en el buen camino, es a mis propios hijos, lo cual es una tarea bastante más dura y complicada que la que hago por escrito. Es una batalla de todos los días.

Mientras yo me dedico a comentar sobre temas de actualidad, artículos o películas, mis hijos están siendo bombardeados por todo aquello de lo que yo reniego: publicidad consumista, sexo como juego, hedonismo, falta de esfuerzo, triunfo de los mediocres, falta de espíritu de superación personal, agresividad, búsqueda fácil de culpables, falta de responsabilidad, consignas engañosas... Así que, de vez en cuando, me pregunto si no estaré descuidando lo realmente importante, si por querer abarcar el mundo voy a perder a mi familia. Tengo miedo de estar sacrificando mi vida personal en esta causa y no creo que me compense. No estoy tan segura de mi misma como pueda parecer.

jueves, 20 de agosto de 2009

Los desaparecidos del blog

En estos tres años he conocido gente a la que sigo casi desde el principio. Otros, sin embargo, desaparecieron o les perdí la pista tras una temporada sin que escribieran. Ahora precisamente he localizado a alguien. Los hay que han cambiado de nombre a su blog y hasta de personalidad. Alguno dejé de seguirlo porque no me gustó algún tema determinado. Hay gente a la que recuerdo con cariño, a pesar de haber desaparecido sin dar ninguna explicación. A uno lo echo especialmente de menos. Como he cerrado los comentarios ya no sé si siguen entrando de alguna manera. Con alguno llegué a intimar hasta el punto de darle mis datos personales. Alguien sabe mis apellidos y otro mi teléfono. Varios saben la ciudad donde vivo. Dice mi marido que sumando pistas localizaría fácilmente pero no creo que nadie tenga ese interés.

A veces vuelvo a entrar en páginas perdidas por curiosidad de ver cómo les han ido las cosas y no suele haber muchos cambios. Me siento vinculada personalmente a gente que probablemente ya no se acuerda de que existo o lamenta haberme conocido. Realmente, esto de las relaciones por internet es un mundo extraño. Me pregunto cuánta gente me echaría de menos si un día desapareciera sin más. Sólo espero que los que ya no están se hayan ido voluntariamente y que estén bien. Me gustaría poner mi correo en el blog pero sé que eso es algo que no me puedo permitir. Se me llenaría de spam y también de esas opiniones por las cuales dejé de relacionarme con los lectores. Echo de menos el "buen rollo" que tuvimos hace tanto tiempo ya, que parece un sueño.

Música: entre dos tierras - Héroes del silencio