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viernes, 18 de febrero de 2011

Evitar el dolor

Vivimos en una cultura obsesionada con eliminar el dolor. Sin embargo, eso es imposible. Especialmente porque el dolor es el síntoma de que pasa algo en nuestro cuerpo. Si nos torciéramos un tobillo, por ejemplo, y no nos doliera no le haríamos ni caso y no se curaría. También el embarazo es una fuente de dolores en muchos casos: náuseas, ardor de estómago, ciática... La única manera de evitarlos sería no quedarse embarazada. Por no hablar del famoso "parto sin dolor", que es una entelequia. A mí me han puesto la epidural dos veces y vaya cómo duele el pinchazo. Además los dolores anteriores no te los quita. Aún así, por supuesto, vale la pena sin dudarlo.

Los médicos obsesionados en evitar el dolor tienen el riesgo de preferir la muerte, ya que es la única de existencia indolora que existe. Pero, mientras exista posibilidad de curación, tanto el enfermo como el médico tienen la obligación de intentarlo, aunque sólo sea por sus seres queridos. Una vez que esté deshauciado, corresponde al paciente y familiares decidir cómo quiere pasar el proceso; no a los facultativos (siempre que no suponga acabar con su vida). También el dolor psicológico es duro de soportar, pero a veces es muy necesario; para desarrollar la empatía, es decir la commiseración con el dolor ajeno; o para aprender a valorar más lo que se tiene. Un psicólogo que sólo quiera evitar el sufrimiento tampoco les hace un favor a su pacientes.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Personal sanitario

Comprendo que debe de ser realmente duro trabajar con enfermos. Primero, porque no suelen estar de buen humor, segundo; porque hay que hacerles pruebas desagradables; tercero, porque, en ocasiones, también tienen que darles malas noticias. Y luego, los médicos y las enfermeras vuelven a sus casas a seguir con su vida como si nada hubiera pasado. Precisamente por eso, se agradece infinito ver una persona amistosa en el hospital; alguien que te sonríe y te da conversación; incluso aunque acabe poniéndote mal vía, como me suele suceder a mí porque no me encuentran las venas. Despertarse con una sonrisa, incluso a las cuatro de la mañana, cuando toca la medicina, lo hace todo mucho más llevadero.

Como, por desgracia, he tenido bastantes estancias hospitalarias (10), tengo experiencias de todo tipo. Desde la última, donde no tengo ninguna queja, hasta las tres de mis partos, que no fueron tan agradables a pesar de la ocasión. Más que nada a causa de las comadronas, que deben ser mujeres que nunca han tenido hijos. Si no, no se explica, - estando en una situación tensa, más preocupada por tu bebé que por tí misma -, con dolores, sin apenas poderte mover; como mis tres matronas consiguieron hacerme sentir como una inútil, una quejica y un estorbo. Espero que mi caso sea la excepción y no la norma; porque creo que es un momento tan especial en la vida que toda buena atención y cariño es poco.

martes, 21 de septiembre de 2010

House y Bones

De verdad que he intentado ver esas series más de una vez y he desistido. Me pregunto cómo los colegios de médicos no protestan por algo que sale en televisión y puede considerarse intrusismo profesional. Ahora resulta que la medicina viene a ser una labor de detectives y viceversa. El doctor House, - aparte de ser un persona insufrible -, se inventa cada día una serie de diagnósticos descabellados que supongo que no resistirían ningún análisis serio. En cuanto a Bones, la detective hace lo mismo con cadáveres repugnantes. No me explico por qué gusta tanto esto. Yo también podría escribir un guión diciendo: la piel aplastada en el dedo índice de la mano derecha indica que el sujeto estaba apretando el botón del mando a distancia en el momento en que fue estrangulado con una red de pescar, según se verifica en los restos de la pinza derecha de un crustáceo del género nécora, encontrados en su cuello. Por tanto, el adn está en el mando de la televisión.

Pero me parece una tomadura de pelo. Afortunadamente, la Policía Nacional y la Guardia Civil que se ocupan de estos casos son cuerpos mucho más serios y profesionales. En cuanto a los médicos, tampoco se dejan llevar por su carácter y sus manías a la hora de diagnosticar; afortunadamente, para todos. No me gusta que me engañen, ni en la ficción. Estas seies lo que demuestran es que la gente se aburre mucho y que les atraen las emociones negativas; cosa que no es nada sana. También son un síntoma de que en esta sociedad las soluciones sencillas no gustan. Van a estar todas las consultas de los médicos llenas de gente que cree que tiene un hongo nasofaringeo contagiado en la excavación arqueológica de su vecino; en lugar de un simple resfriado. Lo que faltaba para todos los hipocondriacos del mundo.