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lunes, 12 de abril de 2010
Desayuno con diamantes
¿Sabes lo que te pasa? no tienes valor, tienes miedo, miedo de enfrentarte contigo misma y decir está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad. Tu te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula, tu misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.
No recordaba esta frase de la película, que resume realmente todo el argumento. Ella es una mujer que ha tenido una vida difícil, y sólo desea ser independiente y vivir el momento. Él tiene el talento para escribir, pero ha optado por el camino fácil: dejarse llevar y vivir como gigoló de las mujeres. Con todo, ambos conservan aún cierta pureza y sus ideales intactos. Pero había algo con lo que no contaban: enamorarse. Cuándo él se enamora, decide empezar a ganarse la vida honradamente. Cuando ella -maravillosa Audrey Hepburn- se enamora, sale huyendo, porque no desea sentirse atrapada otra vez por unos afectos y sufrir cuando los pierda. Con esa frase del principio, él la convence de que la vida sin riesgo no vale la pena ser vivida.
Cuando se estrenó este film, yo ni siquiera había nacido -1961-. Ahora, cuando se habla de esa época, parece que creen que la gente no sabía nada, que no hablaban entre ellos, ni se emparejaban, ni hacían el amor. Pero, Desayuno con Diamantes es una película tan actual que la trama ha resistido el paso del tiempo sin problemas. Hoy en día, existen muchos jóvenes independientes que no desean entablar ningún tipo de compromiso, por miedo a que les hieran o a sentirse enjaulados y no poder volver a ser ellos mismos. Pero, como dice el protagonista -estupendo William Holden- todos dependemos unos de otros y sólo así podemos desarrollarnos como personas. Apartarse de los sentimientos, para rodearse de cosas: coche, móvil, amigos, ordenador, trabajo, ropa, hobbies...; crea una jaula a nuestro alrededor que impide que nadie se pueda acercar para tocar nuestro corazón. Antes, como ahora, siempre han existido los mismos problemas y las mismas soluciones. No aprendemos.
No recordaba esta frase de la película, que resume realmente todo el argumento. Ella es una mujer que ha tenido una vida difícil, y sólo desea ser independiente y vivir el momento. Él tiene el talento para escribir, pero ha optado por el camino fácil: dejarse llevar y vivir como gigoló de las mujeres. Con todo, ambos conservan aún cierta pureza y sus ideales intactos. Pero había algo con lo que no contaban: enamorarse. Cuándo él se enamora, decide empezar a ganarse la vida honradamente. Cuando ella -maravillosa Audrey Hepburn- se enamora, sale huyendo, porque no desea sentirse atrapada otra vez por unos afectos y sufrir cuando los pierda. Con esa frase del principio, él la convence de que la vida sin riesgo no vale la pena ser vivida.
Cuando se estrenó este film, yo ni siquiera había nacido -1961-. Ahora, cuando se habla de esa época, parece que creen que la gente no sabía nada, que no hablaban entre ellos, ni se emparejaban, ni hacían el amor. Pero, Desayuno con Diamantes es una película tan actual que la trama ha resistido el paso del tiempo sin problemas. Hoy en día, existen muchos jóvenes independientes que no desean entablar ningún tipo de compromiso, por miedo a que les hieran o a sentirse enjaulados y no poder volver a ser ellos mismos. Pero, como dice el protagonista -estupendo William Holden- todos dependemos unos de otros y sólo así podemos desarrollarnos como personas. Apartarse de los sentimientos, para rodearse de cosas: coche, móvil, amigos, ordenador, trabajo, ropa, hobbies...; crea una jaula a nuestro alrededor que impide que nadie se pueda acercar para tocar nuestro corazón. Antes, como ahora, siempre han existido los mismos problemas y las mismas soluciones. No aprendemos.
Etiquetas:
Audrey Hepburn,
comodidad,
independencia,
sentimientos,
William Holden
jueves, 18 de marzo de 2010
Mi tentación
Hay quien piensa que yo no razono lo que escribo, sino que repito una lección bien aprendida. Hay quien cree que los cristianos somos de plástico y no sufrimos tentaciones. No sé ya cómo explicar que las personas somos iguales por dentro, sean cuales sean nuestra ideología o creencias personales. Por supuesto que tengo dudas –y a veces las pongo por escrito-; por supuesto que me siento tentada.
No decimos: líbranos de la tentación. Decimos: no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Porque las tentaciones no son obra de Dios, sino del mal que anida en nuestro interior. No es más valiente el que no tiene miedo, sino el que, teniéndolo, lo supera. No es más fuerte el que no siente nada, sino el que siente todas las emociones (amor, odio, deseo, rencor, ambición...), pero no deja que lo dominen. De otro modo, no tendría realmente ningún mérito.
Sería muy sencillo portarse bien si no hubiera otra opción: ser fiel porque no te atrae nadie, ser honrado porque no tienes posibilidades de engañar; ser amable porque no sabes actuar de otra manera. Pero el ser humano es libre y, generalmente, tiene posibilidad de elegir entre muchas opciones. No se trata de estar siempre por encima del bien y del mal.
Naturalmente, siempre queda la opción de hacer lo que crees correcto y despreocuparte por lo que hacen los demás. Esa sí que es una gran tentación que a mí, personalmente, me persigue cada día. Pero, esa llamada a la comodidad es una de las mayores trampas del mal –que no es precisamente tonto, sino todo lo contrario. “El mal avanza porque las personas buenas no hacen nada para detenerlo”. Y en ese momento dejan de ser buenas.
No decimos: líbranos de la tentación. Decimos: no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Porque las tentaciones no son obra de Dios, sino del mal que anida en nuestro interior. No es más valiente el que no tiene miedo, sino el que, teniéndolo, lo supera. No es más fuerte el que no siente nada, sino el que siente todas las emociones (amor, odio, deseo, rencor, ambición...), pero no deja que lo dominen. De otro modo, no tendría realmente ningún mérito.
Sería muy sencillo portarse bien si no hubiera otra opción: ser fiel porque no te atrae nadie, ser honrado porque no tienes posibilidades de engañar; ser amable porque no sabes actuar de otra manera. Pero el ser humano es libre y, generalmente, tiene posibilidad de elegir entre muchas opciones. No se trata de estar siempre por encima del bien y del mal.
Naturalmente, siempre queda la opción de hacer lo que crees correcto y despreocuparte por lo que hacen los demás. Esa sí que es una gran tentación que a mí, personalmente, me persigue cada día. Pero, esa llamada a la comodidad es una de las mayores trampas del mal –que no es precisamente tonto, sino todo lo contrario. “El mal avanza porque las personas buenas no hacen nada para detenerlo”. Y en ese momento dejan de ser buenas.
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