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lunes, 21 de marzo de 2011
Mea culpa
Después de escribir el post anterior, (el de por qué), miré por la ventana y vi a una señora paseando en un cochecito a un niño de unos ocho años. Pasó a su lado otro niño en bicicleta y le saludó. Debía ser un compañero de clase. Entonces me puse a pensar hasta qué punto tengo derecho a quejarme o desmoralizarme, si al fin y al cabo mis hijos están bien de salud. No me imagino lo que debe ser tener un niño minusválido y lo que debe sentir el chico cuando ve que sus amigos pueden caminar y moverse y él está atado a su silla de ruedas. Debe ser tremendo. Porque cuando alguien se queda paralítico siendo ya adulto, al menos ha disfrutado ya de su niñez..., aunque siga siendo muy duro.
Siempre hay cosas peores allá donde mires. Los tetrapléjicos están mucho peor que los paralíticos. Los que tienen enfermedades degenerativas, peor aún. Los que han quedado así por culpa de un delito o un atentado, además sentirán la rabia de saber que es culpa de otro. Eso debe ser terrible. Pero casi es peor saber que tienes la culpa de haber dejado a una persona así, si es que se tiene la conciencia en forma. Por causa del terrorismo hay decenas de personas en esa situación. No me explico cómo alguien puede ser capaz de causar algo así conscientemente. Total, que he llegado a la conclusión de que me quejo de vicio. A veces hay que mirar un poco alrededor y no quedarse centrado en uno mismo.
Siempre hay cosas peores allá donde mires. Los tetrapléjicos están mucho peor que los paralíticos. Los que tienen enfermedades degenerativas, peor aún. Los que han quedado así por culpa de un delito o un atentado, además sentirán la rabia de saber que es culpa de otro. Eso debe ser terrible. Pero casi es peor saber que tienes la culpa de haber dejado a una persona así, si es que se tiene la conciencia en forma. Por causa del terrorismo hay decenas de personas en esa situación. No me explico cómo alguien puede ser capaz de causar algo así conscientemente. Total, que he llegado a la conclusión de que me quejo de vicio. A veces hay que mirar un poco alrededor y no quedarse centrado en uno mismo.
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viernes, 8 de octubre de 2010
Administración: sobre mejoras viales y otros eufemismos
Yo comprendo que existen carreteras tan transitadas durante el curso que es imposible acometer obras en ellas. Pero, existen otras que se encuentran desiertas diez meses al año y no tienen ningún problema de saturación por horas. Siendo así, no me cabe en la cabeza - debo ser muy obtusa -, por qué los responsables de obras públicas deciden siempre empezar nuevos carriles en plena operación salida vacacional. Justo en los tres o cuatro días al año en que todos los carriles son imprescindibles, nuestras lumbreras descubren que es imprescindible asfaltar y realizar los desvíos correspondientes. A veces pienso que lo hacen a mala idea por envidia, ya que ellos no disfrutan de vacaciones. Pero lo que es imperdonable es que esos entuertos de tráfico provoquen cada año cientos de accidentes en la carretera.
Técnicas y tratamientos medioambientales. Es lo que pone ahora en los camiones de la basura. Desde que los peluqueros pasaron a ser estilistas y los modistos diseñadores, no había leído algo tan absurdo. Lo triste del caso es que ni siquiera es cierto. Uno tira su basura tecnológica al contenedor correspondiente, esperando que lo desmonten chip a chip y le den otro uso. Pero lo cierto es que, a menudo, acaban en vertederos en países lejanos. Lugares donde, por supuesto, no existe normativa medioambiental alguna. Contaminan el suelo y el agua que consumen sus habitantes. Eso sí que es un crimen de lesa humanidad. Pero siempre salen inmunes. A nadie le interesa seguir la pista de los ordenadores, teléfonos móviles o televisores que ya no encuentran hueco en nuestra casa. Preferimos el eufemismo de lo políticamente correcto, aunque no se sustente en la realidad.
Técnicas y tratamientos medioambientales. Es lo que pone ahora en los camiones de la basura. Desde que los peluqueros pasaron a ser estilistas y los modistos diseñadores, no había leído algo tan absurdo. Lo triste del caso es que ni siquiera es cierto. Uno tira su basura tecnológica al contenedor correspondiente, esperando que lo desmonten chip a chip y le den otro uso. Pero lo cierto es que, a menudo, acaban en vertederos en países lejanos. Lugares donde, por supuesto, no existe normativa medioambiental alguna. Contaminan el suelo y el agua que consumen sus habitantes. Eso sí que es un crimen de lesa humanidad. Pero siempre salen inmunes. A nadie le interesa seguir la pista de los ordenadores, teléfonos móviles o televisores que ya no encuentran hueco en nuestra casa. Preferimos el eufemismo de lo políticamente correcto, aunque no se sustente en la realidad.
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miércoles, 6 de octubre de 2010
Pequeñas mentiras, grandes mentiras y estadísticas
Estos días andan los periodistas muy ufanos diciendo que ha habido un 14% menos de muertos en accidentes de tráfico. Me pregunto si eso consuela a los familiares y amigos de los fallecidos. Por otras parte, dicen también que se ha batido el record de población escolar en España con ocho millones de alumnos. No tienen en cuenta que esos son los últimos coletazos del boom de natalidad de los años sesenta. Así que, los políticos se apresuran a construir más escuelas, las cuales en apenas diez años estarán medio vacías. Por otra parte, los puestos de trabajo del profesorado tendrán que reciclarse en asistentes a la tercera edad; o también valdrían para intentar que aprueben el título de la Eso los millones de chicos que ya se habrán quedado fuera del sistema para entonces. El caso es reciclarse.
Cada día nos bombardean con nuevos datos estudiados especialmente para mantener el optimismo, siguiendo la estrategia del vaso medio lleno. Pretenden - y consiguen en muchos casos - que no seamos capaces de discernir hasta qué punto la noticia es positiva o negativa. Nos dan las conclusiones ya masticadas y digeridas, de modo que no sea necesario ningún esfuerzo intelectual. Por ejemplo, el otro día decían que la muerte de buitres a consecuencia de los parques eólicos había descendido en un treinta por ciento. De acuerdo, pero es que no debería existir ni un uno por ciento de accidentes con la fauna provocados por ese tipo de instalaciones. De ser así, lo lógico sería limitar o incluso prohibir los molinos de energía eólica. Como ello no es viable económicamente y por intereses estratégicos y políticos, incluso los ecologístas prefieren hacer la vista gorda y disfrazar las cifras.
Cada día nos bombardean con nuevos datos estudiados especialmente para mantener el optimismo, siguiendo la estrategia del vaso medio lleno. Pretenden - y consiguen en muchos casos - que no seamos capaces de discernir hasta qué punto la noticia es positiva o negativa. Nos dan las conclusiones ya masticadas y digeridas, de modo que no sea necesario ningún esfuerzo intelectual. Por ejemplo, el otro día decían que la muerte de buitres a consecuencia de los parques eólicos había descendido en un treinta por ciento. De acuerdo, pero es que no debería existir ni un uno por ciento de accidentes con la fauna provocados por ese tipo de instalaciones. De ser así, lo lógico sería limitar o incluso prohibir los molinos de energía eólica. Como ello no es viable económicamente y por intereses estratégicos y políticos, incluso los ecologístas prefieren hacer la vista gorda y disfrazar las cifras.
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miércoles, 12 de mayo de 2010
Cinco minutos antes
Todas las mañanas salgo para el colegio demasiado pronto. Sé, por experiencia, que si tardo cinco minutos más el tráfico se convierte en una selva. Todos aquellos que han salido con la hora justa conducen por encima del límite de velocidad. En las rotondas compiten en exhibiciones de destreza y reflejos que, de vez en cuando, acaban mal. Se empeñan en adelantar aunque sea por la derecha, como si fueran a recuperar el cuarto de hora que les hace falta, y no apenas un par de minutos, con suerte.
Un poco más tarde, la paz regresa a mi pequeña ciudad y los habituales nos movemos sin prisa por las calles solitarias. Pero no puedo evitar recordar que ya ha habido varias muertes por atropellos y las seguirá habiendo si no cambian de mentalidad. Cinco minutos antes en el despertador, pueden ser la diferencia entre todo y nada. Además, vivir con ese stress continuo perjudica gravemente la salud. Necesitamos bajar el ritmo y concentrarnos en hacer menos cosas, pero mejor; empezando por proteger nuestras vidas y la de los demás.
Un poco más tarde, la paz regresa a mi pequeña ciudad y los habituales nos movemos sin prisa por las calles solitarias. Pero no puedo evitar recordar que ya ha habido varias muertes por atropellos y las seguirá habiendo si no cambian de mentalidad. Cinco minutos antes en el despertador, pueden ser la diferencia entre todo y nada. Además, vivir con ese stress continuo perjudica gravemente la salud. Necesitamos bajar el ritmo y concentrarnos en hacer menos cosas, pero mejor; empezando por proteger nuestras vidas y la de los demás.
viernes, 26 de marzo de 2010
El que con lobos se junta, a aullar aprende
Muchas veces oigo decir aquello de: yo voy con ellos pero no soy como ellos. No es tan sencillo. Las personas con las que convivimos y las historias que nos enseñan los medios de comunicación influyen decisivamente en nuestras vidas. Sin que nos demos cuenta, nos van cambiando por dentro, haciendo que consideremos como normal lo que no lo es. De ahí viene luego, por ejemplo, que mucha gente considere la violencia como algo divertido.
No es lo mismo caerse y darse un golpe que verlo en televisión. Nunca he entendido por qué disfruta tanto todo el mundo con esas cosas. Yo me he reído alguna vez también, pero sólo cuando estaba claro que no se habían hecho mucho daño. Mira que gracioso, se ha roto la cabeza, es lo que suelo yo decir en estos casos. Las bromas pesadas y los accidentes sólo tienen gracia desde un punto de vista de "Schadenfreude", es decir: alegrarse de las desgracias ajenas; cosa que está muy mal.
Acostumbrarse a convivir con situaciones anormales, estrafalarias o violentas nos hace perder el contacto con lo natural. El que se rodea de personas egoístas y negativas, a acaba siéndolo también a su pesar. Es mucho más fácil el contacto de todo lo que implica rencor -porque es el camino más cómodo-, y todo lo que aviva la soberbia, que es la madre de todos los vicios.
Eso me recuerda a la maravillosa trilogía de El señor de los anillos, que no es precisamente una lectura sencilla. El protagonista, Frodo, era el único que podía portar el anillo, porque él no deseaba el poder y sólo quería cumplir con su misión: destruirlo. Es difícil convivir con el poder y el mal y mantenerse puro. Pero lo que es realmente duro es tener la posibilidad de actuar contra aquellos que te atacan y elegir libremente el camino del perdón y el olvido. Todos deseamos unirnos a la manada y aullar a la luna.
No es lo mismo caerse y darse un golpe que verlo en televisión. Nunca he entendido por qué disfruta tanto todo el mundo con esas cosas. Yo me he reído alguna vez también, pero sólo cuando estaba claro que no se habían hecho mucho daño. Mira que gracioso, se ha roto la cabeza, es lo que suelo yo decir en estos casos. Las bromas pesadas y los accidentes sólo tienen gracia desde un punto de vista de "Schadenfreude", es decir: alegrarse de las desgracias ajenas; cosa que está muy mal.
Acostumbrarse a convivir con situaciones anormales, estrafalarias o violentas nos hace perder el contacto con lo natural. El que se rodea de personas egoístas y negativas, a acaba siéndolo también a su pesar. Es mucho más fácil el contacto de todo lo que implica rencor -porque es el camino más cómodo-, y todo lo que aviva la soberbia, que es la madre de todos los vicios.
Eso me recuerda a la maravillosa trilogía de El señor de los anillos, que no es precisamente una lectura sencilla. El protagonista, Frodo, era el único que podía portar el anillo, porque él no deseaba el poder y sólo quería cumplir con su misión: destruirlo. Es difícil convivir con el poder y el mal y mantenerse puro. Pero lo que es realmente duro es tener la posibilidad de actuar contra aquellos que te atacan y elegir libremente el camino del perdón y el olvido. Todos deseamos unirnos a la manada y aullar a la luna.
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lunes, 17 de agosto de 2009
Viajando
Una mujer al volante de un todoterreno realiza maniobras extrañas. Está hablando por teléfono a ciento veinte kilómetros por hora. Si se quiere suicidar, que lo haga en el patio de su casa, no junto al coche de mi familia. Irresponsable. A continuación, un cartel nos advierte de un tramo de acumulación de accidentes, y yo me pregunto: ¿no sería mejor que solucionaran el problema? Tal vez deberían cambiarlo por un cartel que dijese: vaya Vd. rezando sus oraciones. Es como cuando advierten de peligro de desprendimientos. Como si se pudiera hacer algo por evitar las piedras. Lo lógico sería que colocaran una malla protectora en la falda de la montaña. Pero es mucho pedir, me temo. Prefieren anunciar el problema como si fuera una mejora de la señalización vial.
Mucha gente tiene la curiosa costumbre de adelantar primero y poner el intermitente después, porque no se diga que no lo han puesto. Pero, es que la función de la luz es avisar precisamente de que vas a cambiar de carril. Y, antes de hacerlo, deberían asegurarse de que hay sitio suficiente. Lo raro es que no haya más accidentes de tráfico. Los Ángeles de la Guarda deben hacer horas extras en verano. También he visto un cartel que decía Inundable, cuando también podría decir: sálvese quien pueda. Luego estan los tramos de obras que se abren oportunamente para la operación salida, y las carreteras peligrosas que nadie ha reformado en veinte años; pero, eso sí, tienen una señal que advierte de que te estas jugando la vida. Algo es algo.
Ahora que he vuelto de vacaciones, aprovecho para hacer un aviso al navegante: cuando digo que no voy a abrir un correo determinado, significa que lo voy a borrar sin leerlo. Soy una persona con palabra. Si no estaría traicionando mis propias ideas.
Mucha gente tiene la curiosa costumbre de adelantar primero y poner el intermitente después, porque no se diga que no lo han puesto. Pero, es que la función de la luz es avisar precisamente de que vas a cambiar de carril. Y, antes de hacerlo, deberían asegurarse de que hay sitio suficiente. Lo raro es que no haya más accidentes de tráfico. Los Ángeles de la Guarda deben hacer horas extras en verano. También he visto un cartel que decía Inundable, cuando también podría decir: sálvese quien pueda. Luego estan los tramos de obras que se abren oportunamente para la operación salida, y las carreteras peligrosas que nadie ha reformado en veinte años; pero, eso sí, tienen una señal que advierte de que te estas jugando la vida. Algo es algo.
Ahora que he vuelto de vacaciones, aprovecho para hacer un aviso al navegante: cuando digo que no voy a abrir un correo determinado, significa que lo voy a borrar sin leerlo. Soy una persona con palabra. Si no estaría traicionando mis propias ideas.
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