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viernes, 18 de septiembre de 2009

Bendita rutina

Se pasa uno la vida pensando que todos los días son iguales. A las mismas horas haces las mismas cosas y a veces te toca esperar a que llegue la hora de la comida, la salida de los colegios o la apertura de las tiendas. Sin embargo, sabes que, en cualquier momento, una llamada telefónica puede cambiarlo todo, arrasar con tu rutina creando una nueva; y que, de pronto, te encuentres deseando tener tiempo libre, repetir los mismos ritos de siempre o incluso estar aburrido. Bendita rutina que nos da tranquilidad, incluso cuando estamos estresados.

Cuando todo va bien, yo me preocupo. Sé que no debería, pero tengo la impresión de que es demasiado bueno para durar. Tengo miedo de la felicidad, a pesar de que es mi estado natural habitualmente. Siento como si no tuviera derecho a ser feliz mientras tantos lo pasan mal. Sin embargo, sé que eso no tiene sentido, ya que el estado de satisfacción se lo trabaja cada uno independientemente de sus circunstancias. Es decir, que tal vez muchos en mi lugar se sentirían frustrados, aunque para mí esta vida sea la ideal.

Por eso, cuando mi rutina se desbarata, me siento perdida como un niño en una playa inmensa, y sólo deseo volver a mis costumbres de siempre, recuperar esa rutina que a veces me harta, y, sin embargo, cuando me falta, me quita el sueño y el hambre y me deja sin fuerzas. Quiero volver a mis días iguales, mis obligaciones tediosas y mis momentos especiales, conseguidos tras larga espera. La rutina hace que cada novedad sepa a gloria, pero demasiadas novedades arruinan el efecto.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Los vándalos de Pozuelo

Más de uno se ha alegrado, en el fondo, de que uno grupo de niños bien se metieran en problemas. Pero la cuestión está en que a estos nadie les apoya, catalogándolos de jóvenes antisistema, sino que han quedado ante todos como una panda de malcriados.  Es una consecuencia más de los años que llevan las autoridades haciendo la vista gorda con el botellón. El alcohol, unido al aburrimiento y exceso de energía de aquellos que llevan una vida despreocupada, sin embargo, no es un fenómeno exclusivo de los barrios acomodados; sino que, por desgracia, es algo generalizado que unifica a pobres y ricos, estudiantes o no, en muchos países del primer mundo. Ahora es cuando a los políticos se les llena la boca con la falta de valores de nuestra sociedad, que ellos mismos llevan ya varias décadas alentando y alimentando. Ahora es cuando se ve cómo la pérdida de autoridad dentro de las familias acaba perjudicando a unos pobres policías.

Yo ya escribía sobre ello hace más de tres años y entonces me decían que era una catastrofista. También hablaba de la cosificación de la sexualidad, de la exaltación de la violencia gratuita que se hace en las series de televisión; y me decían que era muy negativa. Hablaba sobre la manipulación política y me llamaban de todo. No es por echarme flores, pero he visto confirmarse cada uno de mis vaticinios. Ya quisiera yo haberme equivocado. Pero ahora no sirve de nada lamentarse, mientras seguimos prisioneros de la dictadura de lo políticamente correcto. Si no cambiamos de rumbo, la nave seguirá chocando contra los acantilados una y otra vez. Se trata simplemente de recuperar las bases del humanismo cristiano que tanto habían contribuído al progreso material y social de España, antes de que algunos decidieran que lo viejo ya no valía. Hay que enseñarles a los niños que las reglas están para cumplirlas.