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jueves, 7 de octubre de 2010

Oh, no!

Soy madre e hija de familia numerosa. Tengo en casa seis megas de velocidad de internet. Desde hace unos meses, Ono pretende convencernos de que necesitamos 50 megas por familia. Por supuesto, en el caso de que todos los miembros se encuentren descargando archivos al mismo tiempo. Pero, es que para estudiar o leer correos no hace ninguna falta esa velocidad de conexión. Los niños, habitualmente, no estudian con el ordenador. Para ello sería necesario que tuvieran un chip incorporado en el cerebro. Utilizan el ordenador para chatear, ver foto o navegar por páginas poco recomendables. Los trabajos escolares no se los mandan cada día. Naturalmente, no es eso lo que dicen a sus padres; pero parece mentira que ellos no sean capaces de descubrir una excusa tan evidente. Los tiempos cambian, las aptitudes se mantienen.

Por eso, ya he escrito alguna vez que no es bueno contar con un ordenador para cada miembro de la familia. Es imposible mantener controlados tantos medios de acceso al exterior. Luego, se extrañan de que la pederastia sea unos de los principales negocios de la red, junto con la pornografía y el juego; y la difusión de ideologías perniciosas para la juventud. Alguien sin experiencia de la vida es presa fácil para los manipuladores. Me parece muy negativo extender esa idea de que cada miembro de la familia tenga el derecho u obligación de llevar una vida al margen del resto. Lo sano sería que las actividades de ocio o estudio se procuraran hacer juntos, relacionándose unos con otros y, a ser posible, en la misma habitación. De este modo, no sólo se eliminan riesgos innecesarios, sino que toda la relación familiar se ve fortalecida. Pero, supongo que eso no vende, y no es rentable a efectos de marketing.

viernes, 19 de marzo de 2010

Las mujeres y la conducción

Pongo el telediario de telecinco y sale un reportaje, cómo no, alabando la prudencia de las mujeres al volante. Pero no con datos objetivos, sino preguntándoles a ellas mismas que, qué van a decir: no, yo conduzco como una loca y me salto los semáforos... Eso de que las mujeres son más prudentes sería antes; no desde luego en el lugar donde yo vivo, donde van igual de deprisa que cualquiera y además con coches grandes, a veces, tipo todo terreno, que dan miedo de lejos. Yo me aparto en cuanto puedo.

Dentro del nuevo feminismo, entra también la condición de intentar conducir como los hombres. Pero una cosa es intentarlo y otra conseguirlo. Porque conducir es una cuestión de testosterona. Esa hormona que prepara a los hombres para la lucha, porque están diseñados para ello, nos guste o no; es la misma que otorga velocidad de reacción y mejores reflejos. Es decir, que los hombres conducen de forma imprudente porque pueden. Porque  lo que en ellos es un riesgo relativo, en una mujer es un riesgo absoluto.

Alguna estará ya rasgándose las vestiduras. No estoy hablando de cultura o de costumbres, sino de simple química. Quien quiera comprobarlo, que se dé una vuelta por Italia, donde los conductores deben ir muy sobrados, porque hay que ver cómo se arriesgan y casi nunca pasa nada. Es impresionante. Sin embargo, basta con observar el paso del tiempo y cómo los hombres mayores de sesenta años ya no conducen tan bien, ni son tampoco capaces de aparcar a la primera como antes.

Así que yo, personalmente sí que puedo afirmar que soy una conductora bastante prudente; pero eso no es mérito mío, sino que conozco mis limitaciones. No se me ocurre ir todo el tiempo adelantando, como mi marido, porque sé que mis reflejos no dan para tanto y no es cuestión de jugarse la chapa. Sólo por intentar demostrar que eres una mujer independiente, autosuficiente y que no necesitas a ningún hombre, etcétera, etcétera. Ésas son las mismas que luego se derriten por Beckham o Escassi.