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jueves, 31 de marzo de 2011
Las riquezas de la Iglesia
Se oye mucho decir que los Obispos son ricos y deberían dárselo todo a los pobres; pero es que si lo entregaran todo, ya no estarían en condiciones para ayudar a nadie. La Iglesia maneja mucho dinero porque tiene muchos gastos. Aparte de las obras de caridad, tiene que mantener a miles de curas, monjas y monjes, más las casas en las que habitan, con todos su recibos correspondientes. Ese dinero viene de donaciones particulares, del estado o de negocios como la venta de repostería y similares. Además, con ello se mantienen también muchos colegios, hospitales, horfanatos y residencias de ancianos. Ya quisiera el estado gestionar tan bien y conseguir tanto con tan poco presupuesto. Lo que pasa es que todo es manipulable.
Los Obispos tienen coche propio y más dinero porque tienen que desplazarse mucho atendiendo asuntos de las parroquias. Son como los ministros del gobierno de la Iglesia. Se trata de gastos de representación, no de riquezas personales. En cuanto al lujo del Vaticano, está constituído por obras de arte sufragadas por diversos estados durante la Edad Media. No sé si alguien pretende desmantelar la Capilla Sixtina o fundir los cálices de oro del siglo XIV para dedicar ese dinero a obras sociales. En cualquier caso, el dinero se acabaría antes o después, junto con el legado de la historia. Y, sin la institución social de la Iglesia Católica, los pobres estarían mucho más desamparados todavía.
Los Obispos tienen coche propio y más dinero porque tienen que desplazarse mucho atendiendo asuntos de las parroquias. Son como los ministros del gobierno de la Iglesia. Se trata de gastos de representación, no de riquezas personales. En cuanto al lujo del Vaticano, está constituído por obras de arte sufragadas por diversos estados durante la Edad Media. No sé si alguien pretende desmantelar la Capilla Sixtina o fundir los cálices de oro del siglo XIV para dedicar ese dinero a obras sociales. En cualquier caso, el dinero se acabaría antes o después, junto con el legado de la historia. Y, sin la institución social de la Iglesia Católica, los pobres estarían mucho más desamparados todavía.
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martes, 7 de septiembre de 2010
Euskalherria no existe
Se trata de un concepto utópico que nunca ha concordado con la realidad. Entrando en la página web del Foro de Ermua, se puede leer un relato muy detallado de la verdadera historia del País Vasco. Así como existió en un momento dado un país catalán, el País Vasco en cambio sólo tiene de nación el nombre. Nunca ha sido una entidad territorial ni ha contado con un gobierno propio independiente. Por otra parte, lo que se conoce por Euskalherria, con Navarra y tres provincias francesas, es más absurdo todavía, ya que esas zonas nunca han tenido vocación independiente; especialmente, los franceses, de sobra conocidos por su patriotismo desmedido. Navarra sí que fue durante siglos un reino fuerte y prospero. El País Vasco, si acaso, podría considerarse parte de Navarra y no al contrario. Pero también ha pertenecido al reino de Castilla y al de León.
De hecho, las provincias vascas, antes de dedicarse al chantaje nacionalista, estaban formadas por unos pueblos dispersos bastante pobres e incultos. Eran gente que sólo destacaba en el arte de la navegación y en la guerra. En cuanto al euskera, no estaba unificado y existían tantos dialectos que apenas se entendían con el pueblo de al lado. Ésa es la razón de que se estuviera perdiendo el idioma, y no las persecuciones que esgrimen los victimistas de turno. La industrialización benefició especialmente a vascos y catalanes en detrimento de otras regiones españolas, menos reivindicativas, que fueron dedicadas a granero y ganadería. De ese modo, alcanzaron la prosperidad de la que ahora tanto alardean y que no quieren compartir con nadie; de ahí su afán por la independencia.
De hecho, las provincias vascas, antes de dedicarse al chantaje nacionalista, estaban formadas por unos pueblos dispersos bastante pobres e incultos. Eran gente que sólo destacaba en el arte de la navegación y en la guerra. En cuanto al euskera, no estaba unificado y existían tantos dialectos que apenas se entendían con el pueblo de al lado. Ésa es la razón de que se estuviera perdiendo el idioma, y no las persecuciones que esgrimen los victimistas de turno. La industrialización benefició especialmente a vascos y catalanes en detrimento de otras regiones españolas, menos reivindicativas, que fueron dedicadas a granero y ganadería. De ese modo, alcanzaron la prosperidad de la que ahora tanto alardean y que no quieren compartir con nadie; de ahí su afán por la independencia.
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