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miércoles, 30 de marzo de 2011

Amar a los enemigos

Probablemente es lo más duro que pide Jesucristo durante su predicación. Porque si amas sólo a los que te quieren, ¿qué mérito tienes? Eso lo hace todo el mundo. Pero aprender a apreciar a aquellos que te perjudican intencionadamente es otra historia. Para eso hay que ejercer una capacidad de empatía impresionante, buscar lo que te puede atraer de esa personas y las razones por las que deberías simpatizar con ella o al menos comprenderla. Es todo un esfuerzo de voluntad. Resulta más fácil con los familiares porque, al fin y al cabo, hay más posibilidades de encontrar algo positivo que camufle los datos negativos que se tienen. Cuanto más se conoce a alguien es más fácil justificarlo.

Pero cuando se trata de alguien poco conocido, de quien sólo se tienen unos cuantos datos dispersos, o cuando resulta ser una persona pública de cuya vida privada apenas se sabe nada, la cosa se complica. Resulta triste, pero realmente es más fácil justificar a alguien cuando descubres que tiene alguna desgracia en su vida que le ha podido llevar a ser como es. La commiseración es una gran ayuda. Pero si además a esa persona teóricamente todo lo va bien, salud, dinero y amor, entonces cuesta mucho más ponerse en su lugar e intentar aceptarla. Pero precisamente por eso tiene mucho más mérito. Nadie dijo que aspirar a la santidad fuera fácil. Pero Jesús nos pide que lo intentemos, aunque a veces nos resulte imposible.

lunes, 17 de mayo de 2010

Belén Esteban y Carmen Lomana

Está claro que nuestra sociedad está en plena decadencia, viendo quiénes son los ídolos de la actualidad española. Por una parte, una mujer que se ha hecho famosa por sus desgracias, y se supone que asistió al colegio pero no se sabe a qué se dedicaba allí porque no ha aprendido ni siquiera a hablar correctamente. A pesar de ganar mucho dinero en televisión, el trato con la gente y la experiencia no han pulido para nada su personalidad, sino que, al contrario, cada vez se vuelve más zafia y ordinaria. Naturalmente, no es tonta, y sabe que eso es precisamente lo que atrae a su público y me temo que tenemos Belén para rato.

En el otro extremo, una señora estirada, cuyo único mérito consiste en saber gastarse su dinero. Alguien que nunca ha trabajado ni ha llevado una familia, pero se permite dar lecciones de cualquier tema frente a un auditorio entregado. Lo que empezó siendo una exhibición de pedantería bastante ridícula ha conseguido transformarlo en admiración, más o menos sincera, y ya la aceptan en todos los ambientes como una más. Sin embargo, como salió de la nada un día, me imagino que cualquier otro caerá en desgracia y ya no se volverá a saber de ella. Así es la fama: una amante infiel. Estoy deseando que llegue ese momento. Me tienen las dos aburrida.