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miércoles, 13 de octubre de 2010
España en el corazón
Recuerdo que cuando estudiaba la historia de España, me quedó una sensación de pérdida relativa a los territorios que una vez formaron parte de nuestro país y ahora incluso, a veces, reniegan de ese legado. Sin embargo, a lo largo del tiempo he podido comprobar que existe un sentimiento de hispanidad muy fuerte y extendido; como se ha podido ver al ganar España el campeonato del mundo de futbol. Supongo que nunca tendremos una Common Wealth como los ingleses, pero eso no significa que siglos de historia y cultura común puedan borrarse de un plumazo. Entre españoles y latinoamericanos existe un nexo de unión que nada ni nadie podrá romper. Con más razón, entre las distintas regiones de España, las cuales mantienen relaciones estrechas desde hace más de dos mil años. No hay familia española que no tenga parientes en cualquier lugar del país.
Con la llegada de la democracia, vió la luz una Constitución que admitía el estado de las autonomías. No niego que el gobierno autónomo haya podido ser positivo para las regiones más descuidadas históricamente, como es el caso de Castilla o Extremadura. Pero, sin embargo, aquellas que ya se veían beneficiadas, han conseguido unos privilegios desmesurados en detrimento del Estado Español. Esos nuevos reinos de taifas son como un cáncer que va restando vitalidad a nuestro país y amenaza con acabar con su propia existencia. Miles de funcionarios innecesarios, subvenciones a los afines, altos cargos con privilegios oficiales, etc.; sumado a una campaña educativa en contra de la propia identidad de España y el idioma español; justifican sobradamente que se exija cuanto antes una reforma del sistema autonómico para devolver a España el protagonismo que le corresponde en su propia historia.
Con la llegada de la democracia, vió la luz una Constitución que admitía el estado de las autonomías. No niego que el gobierno autónomo haya podido ser positivo para las regiones más descuidadas históricamente, como es el caso de Castilla o Extremadura. Pero, sin embargo, aquellas que ya se veían beneficiadas, han conseguido unos privilegios desmesurados en detrimento del Estado Español. Esos nuevos reinos de taifas son como un cáncer que va restando vitalidad a nuestro país y amenaza con acabar con su propia existencia. Miles de funcionarios innecesarios, subvenciones a los afines, altos cargos con privilegios oficiales, etc.; sumado a una campaña educativa en contra de la propia identidad de España y el idioma español; justifican sobradamente que se exija cuanto antes una reforma del sistema autonómico para devolver a España el protagonismo que le corresponde en su propia historia.
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autonomías,
Constitución,
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viernes, 4 de septiembre de 2009
Hablar con adolescentes
Dicen los manuales de psicología moderna que hay que dialogar con los hijos y tener confianza en ellos. Las víctimas de esta teoría son incontables. Los adolescentes ya reciben ese trato por parte de sus amigos. De sus padres esperan que les sirvan de referente moral y les proporcionen unas reglas de conducta que les ayuden a manejar sus vidas. La confianza, tienen que ganarsela demostrando que son responsables.
Cuando un hijo entra en la adolescencia ya no es un niño y, por tanto, no debería seguir gozando de los privilegios de la niñez, como son, por ejemplo, que les recojan sus cosas, que le compren sus caprichos, sin exigir nada a cambio. Madurar también supone aprender que todo tiene una contrapartida: a más derechos, más obligaciones también.
Negociar con un adolescente es una tarea complicada, donde hay que procurar que piense que se ha salido un poco con la suya; al mismo tiempo que dejas claro que tú tampoco has cedido demasiado. Tiene que saber que existen puntos no negociables, como llegar más tarde a casa de un límite, beber demasiado o probar las drogas. Sin embargo, un padre o madre actual tiene que ser consciente de que prohibir todo por principio no es una medida realista.
Conviene recordar que nosotros también tuvimos esa edad y esa necesidad de transgresión y aventura. Yo sigo la máxima de "el que no la corre de joven, la corre de adulto"; y, si hay una edad para pasarse un poco es sobre los veinte años. Pero, eso sí, siempre que tengan clara la diferencia entre divertirse y poner en riesgo su futuro sin necesidad.
Cuando un hijo entra en la adolescencia ya no es un niño y, por tanto, no debería seguir gozando de los privilegios de la niñez, como son, por ejemplo, que les recojan sus cosas, que le compren sus caprichos, sin exigir nada a cambio. Madurar también supone aprender que todo tiene una contrapartida: a más derechos, más obligaciones también.
Negociar con un adolescente es una tarea complicada, donde hay que procurar que piense que se ha salido un poco con la suya; al mismo tiempo que dejas claro que tú tampoco has cedido demasiado. Tiene que saber que existen puntos no negociables, como llegar más tarde a casa de un límite, beber demasiado o probar las drogas. Sin embargo, un padre o madre actual tiene que ser consciente de que prohibir todo por principio no es una medida realista.
Conviene recordar que nosotros también tuvimos esa edad y esa necesidad de transgresión y aventura. Yo sigo la máxima de "el que no la corre de joven, la corre de adulto"; y, si hay una edad para pasarse un poco es sobre los veinte años. Pero, eso sí, siempre que tengan clara la diferencia entre divertirse y poner en riesgo su futuro sin necesidad.
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